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Plátano Cólogan – Por Leopoldo Fernández

   

No es frecuente que nuestros prohombres reciban los honores y el reconocimiento que merecen. La envidia y la falta de generosidad impiden aceptar a veces que alguien se ha hecho acreedor de algún tipo de gratitud por la realización de una buena acción, la prestación de un servicio relevante o, sencillamente, el escrupuloso cumplimiento de su deber. Aquí conviene distinguir entre quienes trabajan desde las instituciones oficiales, que al fin y al cabo están obligados a atender las necesidades de la comunidad desde distintas instancias de poder, y aquellos otros que en sus actividades privadas van más allá de la defensa de intereses personales, corporativos, sectoriales o de otra índole, proyectando su acción en el tiempo y el espacio. En este sentido, si algún agricultor o campesino es digno de recibir en Canarias una satisfacción por su trayectoria en defensa del agro isleño en general y del plátano en particular -incluyendo en este caso el mismo fruto procedente de las regiones ultraperiféricas de la Unión Europea-, esa persona es Leopoldo Cólogan. Así lo acaban de ratificar las autoridades francesas, que le han otorgado su más conocida e importante condecoración: la orden nacional de la Legión de Honor en su grado de caballero, “por sus méritos extraordinarios realizados dentro del ámbito civil”, un galardón que viene a sumarse a la Medalla de Oro de Canarias, que le fue concedida en 2006. Desde Asaga, desde Asprocan, desde Coplaca, desde la APEB, desde la UPEC, allí donde ha tenido responsabilidades ejecutivas sobre la producción, comercialización y potenciación del cultivo del plátano, Cólogan ha dejado su sello personal y la defensa numantina de un producto tan nuestro y que tanto marca el paisaje del campo isleño. Desde hace más de 30 años, ante los gobiernos autonómicos y nacionales y las autoridades de la UE ha sido un luchador denodado, persistente, entusiasta, que además logró corregir el empuje del banano y las presiones de las grandes multinacionales. Por encima de todo, Cólogan ha unido a todos los productores comunitarios, incluidos los franceses de ultramar, y ha logrado para los cultivadores unas ayudas que hasta ahora garantizan el futuro y la salud económica del sector. En Canarias, decir plátano es decir Cólogan. Así de simple.