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Podemos: ¿…? – Por Juan Henríquez

   

Una cosa es evidente: el enemigo a batir, hoy por hoy, es Podemos. Sube como la espuma en las encuestas, y a punto está de superar al PP en intención de voto. Que por cierto, sigo sin creerme que Rajoy gane las próximas elecciones con mayoría simple después de habernos sometidos a una jartada de mentiras y recortes salvajes, amén de los casos de corrupción. Aunque nada me extraña, porque los medios de comunicación social (prensa, radio y TV), de derechas la inmensa mayoría, les están haciendo la campaña electoral; supongo que a cambio de inconfesables dádivas. Volviendo a Podemos, tengo la sensación de que se han marcado una táctica que les está beneficiando cada día más. Esta sinrazón de mantener viva la incertidumbre y el enigma sobre el programa electoral, nace de una calculada técnica que mantiene la indefinición como pilar vital para situarse en el centro de atracción de la sociedad y medios de comunicación. Sin ir más lejos, la concentración convocada por Podemos en la Puerta del Sol de Madrid, el pasado sábado 31 de enero, disparó todas las alarmas políticas y mediáticas. Podemos consiguió un rotundo éxito sin precedente en la sociedad española. El que una fuerza política sin eslogan previo, ni preámbulo propio, logre colapsar el centro neurálgico de la capital de España, es cuando menos un fenómeno incipiente y sólido. Podemos cuenta con el mejor aliado que para sí quisieran los partidos políticos: convertirse, vía pacífica y democrática, en la diana del debate de la sociedad, la política y la corporación mediática. Nunca, al menos desde hace casi 37 años, una fuerza política sin aparente ideología, sin resoluciones congresuales, y representados por líderes asamblearios, votados sin delegaciones territoriales al uso en los partidos clásicos, había logrado tener una influencia ilimitada en la sociedad española, no sólo liquidando el bipartidismo, sino perfilándose, con serias probabilidades de meterse en La Moncloa. Y un servidor: ¡viéndolas venir!