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Preparados, listos… ¡ya! – El fechillo

   

Son muchos los militantes del PP que andan desesperados por conocer cómo se deshoja finalmente la margarita de las candidaturas. Aunque sabemos del ritmo del presidente del Gobierno español, no parece lógico que ni los propios militantes del partido de centro derecha ni los ciudadanos conozcan a estas alturas por quién se decantan los dirigentes populares para encabezar los carteles. No creemos que venga bien a nadie la incertidumbre y, sobre todo, la falta de elaboración y las explicaciones de un programa electoral que puede ser más importante que nunca para los conservadores en Canarias. Sabiendo cómo están las cosas en las otras formaciones políticas -con una posible bajada del voto nacionalista y con la izquierda más dividida tras la aparición de Podemos-, el ministro Soria debería pensar que pudiera estar más cerca que nunca de alcanzar la Presidencia del Gobierno de Canarias, el único cargo que hasta ahora se le ha resistido al político grancanario. A nadie le resultaría extraño ver a un presidente del PP con un vicepresidente nacionalista, una vez desaparecido del mapa político Paulino Rivero. No parece que la sintonía entre nacionalistas y socialistas pueda volver a ser la misma una vez desaparezcan los actores actuales. Al mismo tiempo, la época de los pactos de arriba hasta abajo se nos antoja difícil de repetir y podría darse la circunstancia de que los acuerdos en las distintas instituciones, al menos desde el punto de vista nacionalista, gozasen de un mayor margen de independencia y se hiciesen desde las necesidades de las políticas locales y no por los acuerdos en las alturas. Después de la absorción de Rajoy a Sánchez en Moncloa -vía pacto antiyihadista-, no habría que descartar cualquier acuerdo entre socialistas y populares, aunque esta teoría en las Islas suene a remota. En unos días se irán disipando las dudas. Los que sí han demostrado ser más rápidos han sido los griegos. Su flamante gobierno radical no se ha cortado un pelo ante media Europa para exigir sus cambios económicos.

Cierto ha sido también que en la Unión Europea les han dicho que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar y, de momento, las espadas están en alto. Draghi ha marcado el límite de hasta dónde puede ayudar el Banco Central Europeo y los sin corbata continúan viajando a todo tren para convencer a los dirigentes europeos de que les cambien las condiciones. Europa, también fiel a su estilo, ha decidido dividirse en halcones (Alemania y España -aunque nuestro país de momento no llega ni a cernícalo- ) y en palomas (Francia e Italia) para intentar marcar una línea más o menos dura con Grecia, y quién sabe si con España en el futuro. Entretanto, los mercados acechan a España por si Podemos cumple y la lía.