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El PSOE, en su laberinto – Por Leopoldo Fernández

   

Vaya semanita que está pasando el Partido Socialista! Entre el golpe de mano de Pedro Sánchez contra el hasta el miércoles todopoderoso secretario general del Partido Socialista de Madrid (PSM), Tomás Gómez, y los hallazgos judiciales con nuevos testimonios de corrupción en los cursos de formación y Eres de Andalucía, atraviesa un auténtico calvario en una especie de autodestrucción forzada a poco más de un mes de la cita electoral andaluza y a tres de las elecciones locales y autonómicas. Las consecuencias están por ver tras el inesperado golpe de autoridad del secretario general, que ha entrado a saco en plan ajuste de cuentas interno.

No parece normal que el socialismo andaluz sea debilitado en estos momentos preelectorales, ni tampoco que el propio Sánchez se juegue su futuro a una sola carta cuando ha dispuesto de tiempo más que suficiente para despachar desde hace meses a un Gómez incómodo, desafiante y prepotente pero de tremenda capa caída electoral, según todas las encuestas. Debió actuar antes, y hacerlo tras consultar con los barones del partido una salida digna para quien ha ganado batallas épicas a Rubalcaba y Zapatero y ha fulminado a todos los rivales que el partido le puso en las distintas elecciones a la secretaría general del PSOE madrileño.

Sánchez ha utilizado como disculpa para su defenestración el inicio de acciones judiciales por el sospechoso sobrecoste del tranvía de Parla, municipio del que Gómez fue alcalde, que pasó de 108 millones a 149 y luego a 256 millones, incluyendo intereses, lo que llevó al Ayuntamiento a la quiebra, según investigaciones de la Udef y de la Fiscalía Anticorrupción. Para César Luena, secretario de organización del PSOE, de seguir Gómez en el cargo habría supuesto un “deterioro grave” de la imagen del partido y dado lugar a “inestabilidad orgánica”.

Un golpe de autoridad
Pero la realidad es más compleja y más sorprendente. Todo apunta a que Pedro Sánchez ha querido dejar claro que es Ferraz quien impone, quien dicta y quien tiene la última palabra en las cuestiones importantes. El mensaje sirve tanto para una Susana Díaz que desde hace tiempo concita las esperanzas de los grandes prebostes del partido -ante la debilidad y falta de liderazgo de Sánchez, cada vez más cuestionado por los llamados barones- como para aquellos otros dirigentes de varias federaciones territoriales, quienes pretenden ir por libre e incluso se permiten mantener contactos discretos con representantes de Podemos con vistas a eventuales acuerdos tras las elecciones de mayo.

Sánchez no está dispuesto a contemporizar ni a mirar hacia otro lado. Su mensaje es terminante: aquí manda Ferraz y se hará lo que disponga el partido en Ferraz. Es cuestión de autoridad, pase lo que pase y se debilite quien se debilite. Así que cualquier pacto, de hoy como de mañana, pasa por la conformidad previa del secretario general y del aparato. La entrevista entre Zapatero y Bono e Iglesias y Errejón abrió los ojos a un Pedro Sánchez dispuesto a marcar distancias con Podemos para tratar de salvaguardar las esencias de un PSOE en horas bajas pero cuyo secretario general cree que se debe diferenciar nítidamente de populismos y extremismos bajo sospecha, si no quiere ser arrastrado por ellos. La consigna sería algo así como “mejor ir por libre que compartir poder con fuerzas contaminadas que pueden destruirnos o fagocitarnos”.

Pero Sánchez sabe que esta apuesta tiene fecha de caducidad porque depende de que los socialistas sean capaces de mantener la hegemonía de la izquierda. Si en las elecciones locales y autonómicas de mayo -excluidas las andaluzas, donde triunfará, pero sin mayoría absoluta, pese a los escándalos que afectan a la Junta- el PSOE no remonta, su secretario general tendrá que marcharse… o sufrirá una severa derrota en las primarias ya comprometidas, donde le esperan Eduardo Madina, Carmen Chacón y, acaso, la propia Susana Díaz, si las circunstancias lo propician.

Los barones del PSOE están sumidos en un mar de dudas. Por un lado, no quieren desautorizar abiertamente a Sánchez por su actuación ante Gómez. Pero tampoco desean mostrarse complacientes con unos modos que no casan con las prácticas socialistas, de ahí la ambigüedad calculada de todos, incluido Felipe González. Si fueran ciertos los rumores que circulan por los círculos políticos madrileños, ¿cómo es posible que la dirección del partido haya estado durante dos largos meses tratando de convencer a Gómez para que dimitiera? Conociendo al personaje, ¿por qué se esperó tanto para forzar un relevo cantado a fin de evitar la debacle electoral en la capital del Reino?
No andaban muy desencaminados quienes se temían lo peor: una resistencia numantina, una rebeldía bien publicitada, un escándalo que incluye descalificaciones hacia el líder y desalojo forzado del despacho de Gómez en la sede del PSM, en la céntrica plaza de Callao, previo descerrajamiento de la cerradura, para que el otrora líder no pudiera volver, y despido de once trabajadores. Pero ahí está la decisión: Tomás Gómez, destituido de la secretaria general de los socialistas madrileños; el PSM, disuelto, y nombrada una gestora que preside quien fuera también secretario general del PSM y frustrado presidente de la Comunidad madrileña por la traición de los diputados socialistas Tamayo y Sáez.

Gómez se ha ido con rueda de prensa escandalosa y colmada de autojustificaciones y defensa de su honorabilidad, acusaciones de ilegalidad en el procedimiento de destitución, anuncio de recursos ante los órganos del partido y, si no prosperan, ante los tribunales, además de duros ataques hacia Pedro Sánchez. Pero Gómez, que en ocho años redujo a la mitad la militancia del partido en Madrid y cosechó los peores resultados electorales del PSOE en la capital, ya no está ni se le espera, pase lo que pase con sus recursos. Ha entregado el acta de diputado de la Asamblea de Madrid y, aunque quiere seguir como miembro de la Comisión Ejecutiva Federal y de la de Garantías Electorales, ya está solo, como un verso suelto. Es historia y pasará al olvido por obra y gracia de un osado golpe de mano.

La guinda de Andalucía
Pero a falta de la elección teledirigida de sucesor para Sánchez por el Comité Federal de Listas, sin primarias ni intervención democrática al uso -se habla del melifluo metafísico Ángel Gabilondo, ex (buen) ministro de Educación, un intelectual brillante y riguroso, conciliador y poco dado al navajeo político y a la dialéctica partidaria-, a esta historia le falta también otra cara contaminada, con sede en Andalucía. Esta misma semana una nueva redada policial ha permitido la detención de más de 75 personas, en su inmensa mayoría militantes socialistas, por su presunta participación en el reparto fraudulento de fondos para la formación de parados, cuyo desvío a bolsillos particulares o de empresas pantalla se estima por la Udef que puede superar los 3.000 millones de euros.

Simultáneamente, la jueza Alaya imputaba a 34 nuevas personas en el escándalo de los Ere subvencionados y ampliaba las acusaciones a siete nuevos ex altos cargos de la Junta de Andalucía, en tanto el Tribunal Supremo ha iniciado el estudio de la información de que dispone sobre las eventuales responsabilidades de los ex presidentes Chaves y Griñán en el mentado escándalo, que a su vez implica un fraude superior a los 2.000 millones de euros.
Por si fuera poco, la Unión Europea anunció el martes el embargo de 795 millones de euros de fondos estructurales del Feder destinados a Andalucía al haberse detectado irregularidades en su control y gestión, al tiempo que en varios periódicos digitales se ha filtrado que la presidenta andaluza conocía las irregularidades de las subvenciones para la formación desde mitad de 2014 pero no informó al Parlamento de Andalucía ni a la opinión pública, según los informes de la Intervención General realizados a mediados de 2014.

El panorama del PSOE no ofrece, pues, perspectivas halagüeñas o prometedoras. Por el contrario, con Podemos robándole votos por la izquierda y Ciudadanos por la derecha, a falta de un discurso creíble y renovado y un liderazgo firme, sus expectativas electorales están bajo mínimos históricos y con una parte importante del electorado de izquierda moderada y centro-izquierda en el limbo de la duda y la desesperanza.