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Recetar deporte – Por Jorge Miguel González Hernández

   

Son cada vez menos las razones por las cuales nos vemos obligados a realizar algún tipo de actividad física en esta sociedad, cada vez más industrializada, informatizada y robotizada que nos hace la vida más fácil. En ocasiones, hasta nos quejamos si aparcamos el coche a tres minutos de nuestro destino. La inactividad física y la obesidad van de la mano. Nos hemos vuelto más vagos y perezosos. Y este es uno de los motivos que coloca a nuestras Islas en el peldaño más alto del ranking de regiones con mayor índice de obesidad mórbida de Europa, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero la obesidad no es sólo usar talla XXXL. Es una enfermedad crónica que trae consigo otras patologías, tales como hipertensión, diabetes, colesterol, problemas articulares o apnea del sueño, etc.

Por otro lado, la inactividad física es el cuarto factor de riesgo de mortalidad más importante a nivel mundial y provoca el 6% de todas las muertes. Sólo se ve sobrepasada por la hipertensión arterial (13%) y el consumo de tabaco (9%), y conlleva el mismo nivel de riesgo que la hiperglucemia (6%). Aproximadamente, unos 3,2 millones de personas mueren cada año por tener un nivel insuficiente de actividad física, según la OMS. Los médicos deberían recetar actividad física a este tipo de personas, derivándolas a un licenciado en Actividad Física y Deporte, que transcriba el ejercicio a la medida de sus necesidad. El trabajo en conjunto entre el centro de salud y el Ayuntamiento sería una sinergia bastante interesante para controlar a estos pacientes, los cuales se vean obligados a asistir a un pabellón municipal a realizar la actividad física que le recetó su médico.

Podríamos pensar que esto supone un coste adicional al contratar a una o dos personas más para llevar el entrenamiento de los pacientes, pero no es así. En España, según una investigación de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), incluida en el libro blanco Costes sociales y económicos de la obesidad y sus patologías asociadas, el exceso de peso y sus consecuencias significaban en datos extrapolados a 2002 el 7% del gasto sanitario, lo que supone 2.500 millones de euros anuales. Por lo tanto, a la larga estaríamos ahorrando dinero en nuestro sistema de salud.

Estos valores reflejan únicamente datos relacionados con la obesidad, pero no hay que olvidar otro tipos de patologías como la osteoporosis o la fibromialgia, en las que estos pacientes se pueden ver beneficiados al recibir un programa de actividad física que les ayude llevar lo mejor posible su enfermedad. Es una medida que complementaría un sistema sanitario idílico, una utopía en la que se podrían reducir gastos en cuanto a fármacos.

Descendería el número de pacientes y, por consiguiente, habría una menor carga de trabajo para los médicos. Además, se produciría un ahorro fuera del sistema de salud, al reducir las bajas laborales como consecuencia de este tipo de enfermedades.

Llevar una dieta equilibrada y realizar actividad física diaria nos beneficia más de lo que creemos. Los años pasan y nuestro cuerpo recuerda lo poco que lo cuidamos.

*Colegiado número 55.163
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