X
nota bene>

Recuerdos plenarios – Por Fran Domínguez

   

Hace unos días un joven amigo aspirante a periodista me comentaba entre perplejo e indignado cómo era posible que en un pleno municipal los concejales se pasaran más de una hora de encendido debate por una moción que nada tenía que ver con problemas y soluciones de la localidad en cuestión, ni con sus barrios ni con sus calles ni con sus gentes, pero sí con no se qué engorrosa iniciativa a escala nacional. Vamos, que a lo que asistió impertérrito fue a una contienda a cara de perro más propia de un berrinche de sus señorías en el Congreso de los Diputados que de asuntos que realmente preocupan o atañan al común de los vecinos. Bienvenido, le dije, al
-muchas veces extraño- mundo de los plenos, el órgano de representatividad donde se debate y aprueba todo lo concerniente a la vida local, que, en la mayoría de los casos, se suelen fijar en horarios flexibles, a eso de las ocho de la mañana o las doce del mediodía, en los que la ciudadanía puede asistir sin ningún problema, sobre todo si tiene la suerte de trabajar, supongo que para alentar la participación y el interés en la cosa pública más cercana… Dejando la coña marinera. Uno, que en su época se empachó de interminables sesiones por esos ayuntamientos de Dios, por lo que no escribe de oídas, no tiene reparos en contar que ha visto de todo: desde mociones promovidas por un alcalde exhortando a la Casa Blanca tras los atentados del 11-S que de los restos de las Torres Gemelas se hicieran pequeñas estatuillas con el objetivo de venderlas y sacar dinero para los damnificados, hasta un edil pidiendo de manera insistente el cambio de las losetas de la acera principal de un barrio porque la separación entre las incrustaciones era pequeña y se acumulaba la mierda, ergo suponía una tarea harto difícil su limpieza. He visto tirar monedas a la cara de un concejal tránsfuga, a un edil ufanarse de leer pocos libros, y lo que es peor, hasta una ristra de regidores levantar la mano de manera mecánica para votar sin saber lo que votaban -ni sus consecuencias- a instancias de su jefe de filas. Le recomendé a mi joven e inexperto amigo en estas lides que después de lo que se ha vivido en los últimos años y de la que aún está cayendo pese a que a muchos parece que se les olvida, que por lo menos, cuando fuera a depositar la papeleta en la urna, que ya queda poco, lo hiciese más que nunca a conciencia y que mirase y cotejase bien para que no se llevara sorpresas luego…