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Resistencia callada – Por Indra Kishinchand

   

Ella nos preguntó si creíamos que nuestra profesión podía provocar algún cambio y nadie contestó. Supongo que todos estábamos pensando lo mismo y nadie se atrevió a decirlo. Éramos un grupo de desconocidos a los que nos unía la pasión de contar historias. Y cuando la vocación se convierte en verbo… Bueno, a veces se transforma en silencio. Mucha gente cree que este es el peor de los errores: el silencio. Pero como dice Kent Nerburn, se “debería pensar en las palabras como si fuesen semillas”, porque las semillas tardan un tiempo en brotar, hay que dejar que crezcan sin ruido para que se conviertan en su verdadero yo. Ella nos preguntó si creíamos que nuestra profesión podía provocar algún cambio y nadie contestó. Definitivamente, todos pensábamos lo mismo. Si no albergáramos esa esperanza dejaríamos quizá de respirar. Porque hasta el acto más insignificante tiene una intención y una reacción. Lo difícil es realizar el esfuerzo de pensar en ello. Es un proceso doloroso ese… Y ahora parece que el dolor debe desaparecer. Sin embargo, no hay personas más valientes que aquellas que han sufrido, hombres y mujeres más nobles que aquellos que reconocen sus errores, amistades y amores más duraderos como aquellos que duelen hasta colocar el alma en los cerebros. Y así fue, con el corazón recorriéndonos el cuerpo, como nos dimos cuenta de que aquel era un día para el cambio.