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La respuesta no tardará – Por Juan Hernández Bravo de Laguna

   

La esperada victoria electoral, muy cercana a la mayoría absoluta, de Syriza, la coalición de izquierda radical griega, que se produjo el pasado domingo, va a tener importantes consecuencias en toda Europa y, en particular, en España. Su similitud con la formación española Podemos y sus propuestas programáticas, y la conexión política y personal de sus dos líderes es un hecho. Y, dependiendo de cómo le vaya a Grecia y a los griegos en estos meses, los resultados de las elecciones españolas que nos esperan este año pueden variar. El electorado español ha dado sobradas muestras en todos estos años de democracia de ser un electorado inestable y emocional, que no vota a propuestas y programas, sino que practica un voto de rechazo, un voto “en contra de” y no “a favor de”. De modo que aquí los cambios de Gobierno se han producido siempre por el hundimiento del partido gobernante y no por méritos de la oposición. Es evidente que Podemos va a gobernar en Grecia por partido interpuesto. Y que, en las actuales circunstancias, el hundimiento progresivo del Partido Popular parece claro, por lo que todo va a depender de si el Gobierno griego de Podemos se hunde o no. En estos momentos hay mucha gente en este país que no tiene nada que perder, que le da igual que los datos macroeconómicos sean positivos si en su casa falta lo más necesario. A poco que Syriza tenga éxito, el bipartidismo español se convertirá en un recuerdo pintoresco, y el Partido Popular, víctima de Rajoy, iniciará su enésima travesía del desierto. Los socialistas seguirán discutiendo si son galgos o son podencos. Las prioridades anunciadas por Alexis Tsipras, el líder de Syriza y nuevo jefe del Gobierno griego mediante un pacto con la derecha nacionalista, son renegociar la deuda con los socios europeos, “con vistas a una solución que sea en beneficio de todos”; combatir el paro, la corrupción y la evasión fiscal, y ayudar a las Pymes. En su discurso de apertura de su primer Consejo de Ministros, de un Gobierno que calificó de “salvación social”, afirmó que “tenemos un plan para hacer reformas sin incurrir en déficit, pero también sin obligaciones asfixiantes”. Y anunció que aumentará el salario mínimo anterior a la intervención, y detendrá inmediatamente las privatizaciones eléctricas y los despidos de funcionarios, que revocará si se han producido, restaurando sus puestos de trabajo (de un sector público sobredimensionado, que cuadruplica al español y que es mayoritariamente improductivo en términos de eficiencia). Además, garantizará el acceso universal a la sanidad a todos los ciudadanos sin seguro médico. Son las medidas del llamado Programa de Salónica, presentado por Syriza en septiembre pasado. En concreto, estas medidas significan la subida del salario mínimo desde los 586 hasta los 751 euros; el restablecimiento de las normas anteriores a la intervención para la negociación colectiva de los salarios; la paralización de la movilidad de los funcionarios, que habían aplicado los Gobiernos de Nueva Democracia y PASOK, y, al mismo tiempo, el fin del polémico programa de evaluación de los empleados públicos. En las próximas semanas, el Gobierno elaborará el proyecto de una ley que permita que unos 300.000 hogares que viven por debajo del umbral de la pobreza reciban electricidad gratuita. Asimismo, se prevé la reapertura de la televisión estatal, ERT, cerrada en junio de 2013. Como era de esperar, en los pocos días que lleva Syriza en el poder Grecia ha sufrido una salida masiva de inversores y de capitales que está afectando de manera especialmente negativa al sector bancario, hasta el punto de que la banca griega ya ha perdido casi la mitad de su valor bursátil. La bolsa griega se hunde, y la prima de riesgo ha llegado a los 1.000 puntos básicos (la española está en torno a los 100). El interés del bono griego a 10 años supera el 10% por el temor a una quita, un nivel alarmante si se tiene en cuenta que el bono de España, en el peor momento de la crisis, apenas superó el 7%. Desde la Unión Europea y el Banco Central Europeo se ha transmitido al Ejecutivo de Grecia un mensaje de no a una quita griega, pero sí a renegociar la deuda. Ha sido muy comentada -y criticada- la ausencia de mujeres en el nuevo Gabinete griego. Tampoco abundan entre la dirección de Syriza y de Podemos, salvo alguna de Izquierda Unida. Es la ventaja de la izquierda radical, que no tiene complejos y no está maniatada por lo políticamente correcto. Las cuotas españolas nos parecen un insulto a las propias mujeres. Es humillante que la única cualificación -y justificación- para ocupar un cargo sea ser mujer. Algunas ministras de Zapatero saben mucho de eso. El reto de Syriza -y de Podemos- es hacer viable -y sostenible- esta vuelta masiva al vivir a costa del Estado y de los Estados e inversores extranjeros. Se trata de un programa muy atractivo que cualquiera votaría, como han hecho la mayoría de los griegos y pueden hacer los españoles. Igual que cualquiera votaría la supresión de los impuestos o la gratuidad de los servicios públicos. El problema es que la Economía tiene unas leyes, y desconocerlas lleva a la crisis y al caos, y produce unos efectos justamente opuestos a los que se pretendían. ¿Será éste el caso? En los próximos meses tendremos la respuesta.