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Saida siempre – Por Juan Hernández Bravo de Laguna

   

En este domingo de Carnaval debemos recordar a Saida y tener presente más que nunca su drama, dos años después de que se abrasara en la Gala de elección de la Reina del Carnaval tinerfeño de 2013. ¿Es suficiente con decir Saida para que todos sepamos a qué persona nos estamos refiriendo? ¿Habría que añadir que es Saida Prieto, la candidata a Reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife que sufrió graves quemaduras durante la Gala debido a los efectos pirotécnicos utilizados en el traje de otra candidata? La memoria popular es muy flaca, y la actualidad informativa que domina en los medios es muy cruel y condena al silencio los asuntos pasados, por más que en su momento fueran noticia destacada. Ese es el objetivo de los implicados en el accidente -evitable- de la infausta Gala, empezando por el Ayuntamiento, el alcalde y los entonces concejales de Seguridad Ciudadana y Fiestas, responsables políticos de lo sucedido, y eso es lo que hemos de impedir. La mejoría de Saida no debe propiciar el olvido. Los ciudadanos no debemos permitir que deje de ser noticia y que se borre el recuerdo colectivo de lo que pasó, como pretenden los implicados. Tenemos que seguir luchando para que se depuren todas las responsabilidades y exigir que los políticos involucrados asuman sus responsabilidades políticas en el caso de Saida y en todos los casos.

Lo que nuestra clase política nos ofrece en estas ocasiones, con la complicidad de algunos medios de comunicación, es todo menos transparencia, menos información, menos reconocimiento de errores y asunción de responsabilidades (ningún político ha dimitido ni ha sido cesado en el Ayuntamiento, ni lo será). Un cúmulo de mentiras y destrucción de pruebas; de polémicas inútiles y tergiversaciones interesadas; de humo y ruido, que ocultan la verdad. Cuando un político se limita a robar, es grave, aunque, como suele decirse, solo es dinero. Pero cuando de su negligencia o su sectarismo se pueden derivar presuntamente muertes y quemaduras, las cosas no pueden -ni deben- quedar así. Los ciudadanos no debemos tolerarlo. En lugar de las obligadas dimisiones, por ejemplo, en el caso de Saida los implicados en la Gala se embarcaron en una patética y miserable rueda de elusión de responsabilidades, de sálvese el que pueda y de pasarse el problema unos a otros.

Saida sufrió quemaduras graves en el 42% de su cuerpo, estuvo un mes inconsciente y tres meses ingresada en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, de referencia para grandes quemados, y ahora, a pesar del tiempo transcurrido, sigue sufriendo una larga convalecencia, acompañada de intervenciones complementarias. Está llena de cicatrices y soporta enormes limitaciones de movilidad: necesita ayuda para vestirse, no puede levantar los brazos y padece dolores muy fuertes en la parte posterior de su cuerpo. Madre de una niña de cinco años, es una mujer joven, con toda la vida por delante, pero el trauma psicológico que sufre es muy intenso y su existencia se ha convertido en una lucha constante contra las secuelas físicas y contra los fatídicos recuerdos de una tragedia que ha marcado su vida. Una vida que en nada se parece a la que era antes, que ya no puede recuperar. Porque, además de ser componente de la comparsa Los Cariocas, Saida estaba vinculada al sector de la moda, participaba en desfiles, en concursos de belleza y hacía publicidad. Para ella, todo eso ahora son simples quimeras. ¡Ojalá que su evolución sea tan positiva que algún día dejen de serlo!

Mientras tanto, mientras le deseamos a Saida lo mejor, y junto a la obligada reflexión sobre la irresponsabilidad y las carencias de muchos de nuestros políticos, puestas de manifiesto en el caso de ella y en multitud de otros casos, se impone una reflexión general sobre nuestro Carnaval y en qué se ha convertido. Los Carnavales más famosos e importantes del mundo duran los días de Carnaval. El nuestro no; el nuestro se extiende durante un largo periodo de un mes o más, y lo convierte en un conjunto de días para-laborables, en el que todo funciona a medio gas y mucha gente no está en condiciones de rendir adecuadamente en su trabajo. Drogas, peleas, armas blancas, borracheras, menores bebidos y drogados, y demás son sus componentes principales. Y nadie se atreve a cambiar las cosas porque las cosas como están dan votos. Y a los votos se sacrifica todo. A veces, hasta la seguridad.

Denunciábamos antes que lo que nuestra clase política nos ofrece en ocasiones como el caso de Saida, con la complicidad de algunos medios de comunicación, es un cúmulo de mentiras y destrucción de pruebas; de polémicas inútiles y tergiversaciones interesadas; de humo y ruido, que ocultan la verdad. Todo menos transparencia, menos información, menos reconocimiento de errores y asunción de responsabilidades. Y sinceramente, lo entendemos. Mientras sigamos votándoles y riéndoles la gracia; mientras sigamos permitiéndoles todo tipo de desmanes; mientras sigamos tolerando la corrupción; mientras sigamos votando a imputados y acusados; mientras sigamos pagándoles generosamente para que nos tomen el pelo, ¿por qué se van a comportar de otra manera? Lo comprobaremos en las elecciones del próximo mayo.