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Sencillamente, Silvia – Por Luz Belinda Giraldo Cabrera

   

Cierro los ojos y huelo el mar de la Villa. Los gomeros me entienden. Son ya las dos de la tarde y hemos quedado en el Ambigú para tomar algo antes de regresar a casa del trabajo. Ser periodista en La Gomera es más fácil con la compañía de Silvia. Dos cocacolas y la tapita de manises de siempre. Llega ella. Con sus gafas de sol que esconden esa mirada prudente. Siempre delgada. Sonriente. Alegre. Como le pasa a casi todo el mundo en esa isla, siempre hay que pararse a saludar a muchos conocidos por el camino. Se sienta, comentamos las noticias del día, le pregunto si hay chismes y nos reímos. Huelo el mar de nuevo. Es verano. Silvia es peculiar. Sabe estar conectada a lo último de lo último mientras respeta y convive con las normas de la sociedad que la rodea. Éramos jóvenes… mucho. Niñatas nos decíamos la una a la otra.

Es el principio de una amistad que nos has hecho recorrer un camino firme por el que nos dejamos horas y horas de risas, de complicidades… de amistad pura y dura. Hablamos muchas veces en el Ambigú de soledad, de compromiso, del futuro, del pasado, de zapatos de tacón, de ropa, de joyas, de viajes, de hombres, de amor, de desamor, de fiestas, de periodismo, de filología, de la gente, de La Gomera, de la vida, de la muerte, del mar, del viento, de ella y de mí. Y de mil cosas más… Era el año 2006. Cambié entonces mi rumbo a otras metas profesionales y ella se quedó allí, en Hermigua, atardeciendo. Lloré mucho en el barco sabedora de que dejaba atrás momentos que ya no volverían, pero llevándome en la maleta su amistad, junto con la de muchos otros que aún siguen en la isla. Hoy no puedo dejar de llorar por Silvia. Regreso a la Villa con su amistad y el recuerdo de aquel año. Pero sin ella. La Gomera ya no huele igual sin Silvia. Esta despedida es para Silvia. No para la periodista, ni la concejal ni la trabajadora social ni la buena amiga que era. Me gusta recordarla así, sencillamente, Silvia.