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Ser el ombligo – Por Francisco Pomares

   

Durante años, no dejamos de hablar y escribir sobre el gravísimo problema que suponía para las Islas la arribada de inmigración irregular en pateras. Algunos llegaron a construir la teoría de la invasión inevitable, y el drama cultural que suponía para esta región -que recibe sin despeinarse 14 millones de turistas- que tres mil africanos entraran ilegalmente por nuestras costas, buscando una salida hacia la Europa del bienestar. Algún político llegó incluso a pedir la intervención de la Armada para rechazar tamaña invasión. En realidad, el verdadero drama era el de los que llegaban en condiciones terribles o morían ahogados en aguas cercanas a las Islas, para los confinados en condiciones muy penosas, antes de ser -en el 90 por ciento de los casos- devueltos a sus lugares de partida. El pánico social duró lo suficiente como para que un partido que se define como centrista o un político con formación académica, como el profesor García-Ramos, convocaran una manifestación contra la llegada de esos pobres desgraciados.

Hoy las cosas parecen distintas: en 2014, ocho años después de aquellos días tan tremebundos, menos de 300 personas han saltado desde las costas de África a las Islas. Hay quien sigue considerando que se trata de un gravísimo problema para nosotros, porque nos obliga a destinar recursos escasos para atender a los que llegan. Y que los políticos no hacen nada por contener las llegadas, que aquí son más graves que en otros sitios, porque Canarias son siete islas, en las que el impacto de esos 276 desesperados que se lanzaron al mar para intentar vivir mejor, es inasumible.

Mientras algunos siguen mirándose el ombligo, sin entender que una sociedad como la nuestra tiene la obligación humanitaria de atender y ayudar a los que lleguen, el pasado año 170.000 inmigrantes, huyendo del hambre, la ausencia de futuro y la terrible situación de Libia, cruzaron ilegalmente el mar desde África a Sicilia

-otra isla- para alcanzar Europa. Italia soportó además el desembarco de otros 44.000 norteafricanos en distintas zonas del golfo de Calabria. La Acnur certifica la cifra de 3.419 personas muertas en el intento de pasar de una orilla a otra, más de las que murieron en el atentado a las Torres Gemelas.
El discurso social se sostiene a veces en argumentos miserables y falaces. Y en Canarias tenemos una cierta tendencia a considerar que soportamos siempre más que nadie. Algo que -evidentemente- no es cierto.