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Silentes testigos – Por César Martín

   

Dicen que si las paredes hablaran, contarían muchas cosas. En sus entresijos de adobe, piedra, pladur o cemento, se guardan muchos de los secretos que jamás vieron la luz; historias que hablaban de los habitantes de aquellas moradas, de sus inquietudes, de lo que una vez dijeron, de lo callado, de sus sueños y derrotas. En cada estancia han sido testigos de lo ocurrido, presentes en cada momento, silenciosamente, casi sin estar pero estando, protegiendo del exterior conversaciones, gemidos, llantos, risas, golpes. Si las paredes hablaran aprendería mucho, no hay duda. Vería con otros ojos las historias que me contaron, tendría los datos suficientes para juzgar lo ocurrido, estoy seguro, sí, aunque no es la fuente que me gustaría escuchar. Si tuviera el don de hacer hablar a alguna parte inanimada de la casa, preguntaría a los suelos qué es lo que saben. Se que las paredes escuchan, cierto, pero los suelos padecen. ¿Qué tendrán que decir? Nunca los tenemos en cuenta y eso que ellos saben de nuestras pisadas, desde cuando íbamos a cuatro patas, gateando en nuestros primeros movimientos, hasta que conseguimos mantenernos erguidos. Cerámicas, maderas, mármoles o moquetas conocen nuestro andar, esos momentos en los que pisamos fuerte, decididos, u otros, en los que vamos a hurtadillas, casi sin rozarlos por miedo a ser descubiertos.

Los suelos nos han visto caer, clavar nuestras rodillas a tierra, aterrizar de cabeza, de costado o de boca. Por eso saben de nuestros sufrimientos. Nuestras lágrimas se han derramado sobre ellos. También nos han visto jugar, viviendo mil y una aventuras de vaqueros de plástico, de barcos piratas y de cochitos de carreras. Por eso saben de nuestras alegrías. Nuestra felicidad se veía colmada mientras saltábamos sobre ellos. Nos conocen de abajo arriba, con nuestras miserias y bondades, a fondo. Y ahí siguen, silentes y firmes, sosteniéndonos cada día, apartando el vacío de la caída, del no tener donde pisar…
@cesarmg78