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El sonajero griego

   

En la foto de familia de Fitur hay más mujeres que hombres. / DA El Gobierno de Alexis Tsipras posa con las secretarias. / REUTERS
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El Gobierno de Alexis Tsipras posa con las secretarias. / REUTERS
DOMINGO NEGRÍN MORENO | Santa Cruz de Tenerife

Los dioses del Olimpo claman al cielo. Al comienzo fue el Caos y lo que hay en este momento histórico es un cacao monumental.Tras las legislativas del 25 de enero, el rostro de Grecia muestra una sonrisa que el poder económico que maneja los hilos de la marioneta percibe como un gesto burlón. Los helenos se han desmelenado. Mayoritariamente, dan la espalda a la cola de la colecta para pagar el rescate y se han hecho una coleta. Es el precio del desprecio.

Se ve que Alexis Tsipras le echa huevos: ha formado un Gobierno con tres superhombres -en un compacto equipo de once varones- y ninguna mujer. Que no cunda el desánimo, porque el primer ministro busca una solución satisfactoria a la deuda con ellas. Está dispuesto a bajarse los pantalones. Tal vez estén cocinando la tortilla en la isla de Lesbos. Del sartenazo no se libra la troika (CE, BCE y FMI). Atenas niega la autoridad a los titanes de la austeridad.

Un dilema sacude Europa: reventar o reinventar. En la cuna de la democracia, el sonajero estimula el sentido mitológico del cambio y despierta la curiosidad innata como método de aprendizaje. Hasta Paulino Rivero, que hace mutis por el foro, toma nota de la lección. Sin consultar con el oráculo, vaticina que el éxito de Syriza “marcará” las próximas elecciones en la UE. “Era lo que se esperaba, había mucho descontento de la ciudadanía, por unos ajustes que han dañado a la parte más débil”. Se le erizan los pelos. Y a José Manuel Soria le pica la nariz. El ministro aconseja al PSOE que preste atención y no imite a Podemos si quiere zafarse de la tragedia. Román Rodríguez, de Nueva Canarias, alza la copa y brinda por la alternativa ante la disyuntiva de una borrachera de recortes sociales. De visita en Gran Canaria y Tenerife, Alberto Garzón demostró una gran habilidad en la representación del género satírico. “Lo que digan los mercados nos importa bastante poco”. El candidato de Izquierda Unida a La Moncloa cedió la palabra a los desesperados que malviven entre los restos de la civilización. Esos desheredados del bienestar no rastrean siglas, sino migas que llevarse a la boca.

Los parroquianos de Pablo Iglesias celebran el “fracaso de la campaña del miedo” contra las almas que no comulgan con ruedas de molino. Enseña el refranero que predicar con el ejemplo es el mejor argumento para acomodar la dialéctica a los hechos.

Para unos cuantos políticos sería un drama que no contaran con sus dotes de persuasión. En los orígenes de la comedia, así lo recoge algún tratado, “el coro entra en acción apoyando o poniéndose en contra del protagonista”. Tal definición academicista describe el comportamiento de los actores en el escenario canario. Si el el jefe del Ejecutivo autonómico garantiza que el 24 de mayo no estará “en ninguna papeleta”, el líder del PP regional no descarta “absolutamente nada”. Ni siquiera presidir Correos. En el anfiteatro socialista, Francisco Hernández Spínola se rasga las vestiduras y esparce las cenizas de la lista al Parlamento.