X
a veces soy humano>

La transparencia, un sello de calidad – Por Félix Díaz Hernández

   

Ahora que las instituciones, los cargos públicos y predicadores laicos de todo tipo se llenan la boca en nombre de la sacrosanta transparencia; tasando quién es quién; cuánto gana cada uno; el patrimonio que acumularon con el sudor de su frente o trapicheando e incluso con lo que han heredado. En este momento, quizás porque me toca vivirlo en primera línea, reivindico una nueva etiqueta para el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, una señal de calidad carnavalera. Sabemos que sigue siendo uno de los mejores carnavales; se constata cada año que si ponemos en relación la proporción entre la multitudinaria presencia de público saltando, bebiendo, bailando y divirtiéndose frente al número de incidencias resulta una matriz positiva, un índice a favor de nuestra manera de disfrutar del Carnaval.

Entendiendo todo lo anterior, me gustaría resaltar que desde hace años la transparencia también ha arribado al complejo y enorme dispositivo de seguridad y emergencias que cuida de los carnavaleros. La fórmula es sencilla; frente a los bulos, información; frente a los rumores infundados, información; frente a lecturas interesadas sobre la seguridad en el Carnaval, más información. Además, con la irrupción de las redes sociales en esta sociedad hiperconectada, más evidente resulta que el ingrediente adecuado para alimentar la percepción de seguridad es la información. Cada madrugada, tras la fiesta en la calle se ofrece públicamente las estadísticas, los datos tabulados sobre las intervenciones que se han producido dentro del Carnaval. Al principio pocos lo entendieron, algunos planteaban que “no era rentable”; incluso hubo quien apuntó que tanta información era contraproducente para la imagen exterior de la fiesta por excelencia de Santa Cruz. Opiniones respetables pero alejadas del artesanal trabajo que supone confeccionar cada día el traje de la credibilidad.

Aun así, nadie debe ser ajeno a que esa transparencia tiene un precio. Hay que saber que vengan bien o mal dadas, siempre hay que dar la cara, siempre hay que explicar las cosas; ese es el reto y el compromiso una vez comenzamos a andar por dicho camino. Bajo mi particular prisma esos riesgos se compensan con la respuesta de una ciudadanía que, en general, agradece esa claridad por todas las vías que tiene a su disposición cada vez que tiene la oportunidad de hacerlo.

La transparencia es rentable, tiene un precio pero no debemos olvidar que también es muy exigente.