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La última portuaria – Por Paco Déniz

   

Ya sólo me queda una chaqueta portuaria de las que heredé de mi padre. Es una chaqueta gris, abrigadita, con una pelliza canela a la altura del pescuezo. En otro tiempo fue la prenda reina del paisaje obrero que me acompañó toda la vida. Siempre a la misma hora, entraban y salían de mi barrio los estibadores portuarios a su trabajo, una bolsa en la mano, una camisa de manga corta desabrochada hasta la barriga, la documentación, un par de billetes y un peine y un bolígrafo en el bolsillo, y encima, la portuaria. El bolígrafo era para rellenar las quinielas, y del peine nunca quedó clara su función, aunque creo que al volver se mojaban un poco en la taquilla y se alisaban el rizo vernáculo. Un cigarro en una mano y una parada obligatoria en cualquier bareto pa’ echarse un pizco.
Las raras veces que teníamos frío cogíamos una de esas chaquetas, cuando íbamos a la cumbre también las madres se la ponían, cuando vinimos a estudiar a La Laguna vino con nosotros para combatir el pelete. La dichosa chaqueta nos delataba la procedencia social.

Para mi sorpresa, cuando tuve arraigo en Fuerteventura, mis amigos y los padres de mis amigos también la usaban, allí la llamaban la chaqueta del Cabildo. Obvio. Y cuando nos poníamos el sombrero, parecíamos que éramos del mismo equipo. El nuestro era un equipo de clase, con un look y una forma de estar particular.

Pero ya no se encuentran. De vez en cuando, alguien del mismo equipo aparece con ella. Bien porque Alcorde SL se fue de Canarias, bien porque la reconversión industrial del PSOE mermó a la clase obrera, esa ropa ya no se encuentra. Algunos pensaron que también desapareció la clase obrera, pero no es así. Ahora la clase tiene otro look, cobra menos, está más estresada y tienen que llevar la ropa y las herramientas de su casa, por eso, y porque la gente se fija en las apariencias, parece que todos seamos de clase media, pero tampoco es así. Todo lo contrario. El mundo obrero está más disperso, intentando salvarse de la quema por separado. Ya no salen ni entran todos a un tiempo. El horario es flexible, tan flexible que no necesitan ni reloj. Ni tampoco hay chaquetas, así que si alguien sabe de ellas, le ruego información, bien la pagaré, no quiero que se estropee mucho la última portuaria.