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Universidad a dos velocidades – Por Saray Encinoso

   

Hace años los estudiantes de Aparejadores eran los que más tiempo pasaban en la Universidad de La Laguna. La estancia media en esa titulación casi duplicaba el tiempo estipulado para cursar la carrera. Los estudios sanitarios, contra todo pronóstico y como ocurre en la mayoría de universidades, se caracterizaban justo por lo contrario: la eficiencia de los alumnos era muy elevada y la mayoría, aunque podía arrastrar alguna asignatura rezagada, iba año por año. Los expertos siempre han pensado que esta situación tiene la mejor explicación posible: los chicos que se matriculan en grados como el de Medicina tienen que hacer un gran esfuerzo para lograrlo, y a esas edades eso solo es posible con una vocación férrea. La nueva reforma universitaria, que reducirá a tres años los grados y ampliará los másteres a dos, quiere acercarse al modelo europeo (3+2) y, de camino, mejorar el rendimiento académico y reducir el abandono. Estudiar en menos tiempo hará que el precio sea más bajo, ha apuntado el ministro José Ignacio Wert. Entonces, si al recortar costes el número de matriculados irá en aumento, las notas mejorarán y nos acercaremos a Europa, ¿cuál es el problema? ¿Por qué muchos profesores, padres y rectores se oponen al nuevo modelo?

No lo reconocen ni el Ministerio ni los consejeros de las comunidades autónomas, pero el elevado precio de los créditos ha alejado a muchos chicos de la Universidad. La Formación Profesional, que arrastraba un importante déficit de estudiantes, se ha convertido en la alternativa de calidad para ellos. Ahora, los nuevos minigrados, que según un acuerdo de la Conferencia de Rectores no se implantarán antes de 2017, supondrán un respiro para muchas familias. Es previsible que aumente la cifra de alumnos de nuevo ingreso, pero si no garantizamos la igualdad de oportunidades en los estudios de posgrado, habremos patentado la universidad a dos velocidades en una Europa que ya camina a dos ritmos diferentes. Ampliar el acceso a la enseñanza superior es importante, pero no parece justo, y ni siquiera conveniente si la apuesta es por la excelencia, que el dinero determine quién obtiene una educación pública más completa y mejor. Hay carreras que vienen con máster habilitante incorporado -no se puede ejercer sin él- y otras donde la competitividad del mercado laboral casi obligará a tenerlo. Después del fiasco del plan Bolonia en España -solo ha supuesto prácticas en empresas-, y del estado actual de la Unión -dividida en acreedores y deudores-, una reforma así solo podía generar rechazo. La excusa de Europa ya no sirve. Y eso no es un problema solo para la educación.

@sarayencinoso