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Venezuela, amenazada por una grave crisis humanitaria – Por Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca

   

La arbitraria y violenta detención del alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, del partido Alianza Bravo Pueblo (ABP) y uno de los máximos líderes de la oposición, por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) viene a reafirmar la senda represora emprendida hace tiempo por el Gobierno de Nicolás Maduro en su afán de dividir y descabezar a la oposición democrática para hacer que llegue sin sus principales líderes a las elecciones parlamentarias previstas, aunque aún sin fecha, para antes de fin de año, y en las que deben ser elegidos los 165 parlamentarios de la Asamblea Nacional.

Algunos observadores políticos van más allá en sus especulaciones y creen ver en la detención de Ledezma tanto el desvío de la atención popular, centrada en la crisis sanitaria y de falta de alimentos en el país, como en una estudiada provocación a los opositores reunidos en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) para que éstos salgan a la calle suscitando así una escalada de acción-reacción que pudiera dar paso a la declaración de ‘estado de emergencia’, a fin de justificar la suspensión de dichas elecciones, en las que el oficialismo -bajo mínimos históricos en la consideración de la opinión pública, con menos del 20% en intención de voto- puede perder su actual mayoría.

Un dirigente importante
Ledezma no es un opositor cualquiera. Señalado por el presidente Maduro entre los implicados en un supuesto intento golpista -el duodécimo desde su acceso al poder- el 12 de febrero en curso, que habrían frustrado las autoridades, el alcalde caraqueño ha sido un fortísimo adversario gubernamental. Ha denunciado sistemáticamente la corrupción del régimen chavista, solicitado la dimisión de Maduro y apoyado, en febrero de 2014, las protestas antigubernamentales que, según fuentes oficiales, causaron 43 muertos, 878 heridos y más de 3.500 detenidos.

Senador, dos veces alcalde de la capital y otras tantas diputado del extinto Congreso Nacional de Venezuela y de la actual Asamblea Nacional, así como gobernador del antiguo Distrito Federal, proviene de Acción Democrática (AD) y pertenece a la MUD. Para contrarrestar su poder en la alcaldía, que ganó con el 52% de los votos, Chávez promulgó una ley que creaba el cargo de jefe de Gobierno de Caracas, nueva figura administrativa a la que se transfirieron numerosas competencias, entre ellas la policía y las escuelas, así como bienes que le correspondían a la Alcaldía. Durante muchos años, hasta el triunfo electoral del golpista Chávez, el cargo de alcalde metropolitano era considerado el segundo puesto de importancia en la política venezolana.

Acusado de “presuntamente incurso en hechos conspirativos para organizar y ejecutar actos violentos contra el Gobierno democráticamente constituido” y detenido sin la preceptiva orden judicial -que fue amañada luego por el Juzgado Sexto de Control del área penal de Caracas-, se encuentra ahora, junto con Daniel Ceballos, ex alcalde de Táchira acusado de”rebelión civil, agavillamiento y asociación para delinquir”, y Leopoldo López, el máximo líder moral de la oposición, en la prisión militar de Ramo Verde, donde hace unos días se produjo un intento de motín y otro para sacar de su celda por la fuerza al propio López, detenido en febrero de 2014 y aún sin perspectivas sobre el juicio al que pretende someterlo el Gobierno tras ser acusado por la Fiscalía General de los delitos de “incendio, instigación pública, daños a la propiedad pública y asociación para delinquir”. A Ledezma la Fiscalía lo relaciona con Lorent Enrique Gómez Saleh, dirigente de las revueltas estudiantiles, y otros cuatro detenidos desde hace cinco meses, imputados todos por “presunta vinculación con los planes conspirativos”.

La crisis que no cesa
Al igual que hiciera el Gobierno con María Corina Machado, a la que se despojó ilegalmente de su escaño, la oposición agrupada en la MUD teme que, tal y como ha anticipado el presidente de la Asamblea Nacional, el diputado Julio Borges, máximo dirigente del partido Primero Justicia, vea revocada su inmunidad parlamentaria durante la próxima semana, para que pueda ser investigado por el Tribunal Supremo acerca de sus “actividades conspiradoras”. Otros dirigentes opositores tienen también sobre sí la espada de Damocles de la detención arbitraria, empezando por la propia señora Machado -que en su día obtuvo el mayor número de votos entre todos los parlamentarios del país-, tras haber sido señalados en programas de televisión y en la prensa adicta al régimen como enemigos de la patria, de la Revolución y del socialismo.

Mientras en todo el mundo se han suscitado reacciones de condena por la detención de Ledezma y la oposición prepara acciones de protesta en las calles, incluidas varias caceroladas, el país sigue sumido en una profunda crisis política, económica y social, agravada por el fuerte descenso de los precios del petróleo, del que la economía venezolana depende en casi el 95%.

Con un desabastecimiento de productos de primera necesidad en aumento, una inflación galopante -este año se prevé que supere el 100%, la mayor del mundo, frente al 68,5% de 2014-, un país políticamente partido en dos -como ratificaron las últimas elecciones, donde Maduro ganó por apenas 1,5 puntos de diferencia-, con el oficialismo cuarteado y de capa caída, una acusada falta de libertad y unas prácticas cada vez más dictatoriales, una recesión que no se detiene, unos servicios (electricidad y agua principalmente) con problemas diarios, una inseguridad ciudadana en constante crecimiento, la oposición débil y dividida y en parte encarcelada, no es extraño que la desconfianza en el régimen, la desesperanza y el miedo al futuro se hayan apoderado de más del 86,5% de la población, según las últimas encuestas.

Una tragedia nacional
Venezuela vive una tragedia nacional. En quince años de chavismo, un país joven y rico, con las mayores reservas petroleras del mundo, se ha empobrecido hasta límites extremos por la corrupción del régimen, cada vez más autoritario y represor, y la incompetencia de sus dirigentes. En estas condiciones, en las larguísimas colas de gente que trata de abastecerse de productos de primera necesidad es palpable el ambiente de desesperación. Todo apunta inexorablemente a una grave crisis humanitaria que afecta a la convivencia nacional. El Estado ya no tiene recursos ni quien le preste dinero. Las expropiaciones se han cargado el tejido productivo. Faltan productos esenciales de la cesta de la compra (harina, pan, azúcar, leche, carne, huevos, aceite, arroz, jabón, papel higiénico, medicinas básicas, etc.) y sanitarios (todo tipo de medicinas y repuestos para unidades hospitalarias). A ello es preciso unir el brutal crecimiento de la delincuencia (25.000 homicidios cometidos el año pasado y más de 100 millones de delitos varios), el crimen organizado y el narcotráfico, éste -según instancias internacionales- protegido y potenciado desde el poder hegemónico cívico-militar que encabeza, según denuncia EE.UU., el descendiente gomero y militar golpista Cabello.

Se estima que unos 17 millones de personas no pueden ser atendidas por los servicios públicos de Salud, lo que ha llevado a la Academia Nacional de Medicina y a organizaciones y asociaciones relacionadas con la salud a solicitar la adopción de soluciones que impidan “el mayor sufrimiento de la población” y evitar que muchas personas fallezcan “por negación del derecho fundamental a la atención médica y la exclusión, que ocurrirá debido a causas de fuerza mayor provocadas por la terquedad y los errores del Gobierno”… y por su “falta de sensibilidad y disposición al diálogo, empeñado en conducir irreflexivamente al colapso total al sistema de salud nacional; sin duda, un delito de lesa humanidad”.

Así están las cosas en el querido país hermano. Aun con la ayuda de Cuba y sus 40.000 servidores destinados en Venezuela, el régimen se desmorona. Su modelo comunista se viene también al suelo. Con ligeras excepciones de proyección social, sus políticas fracasan estrepitosamente y dan paso a la peor crisis económica producida nunca en Venezuela, cuya deuda externa ya supera los 50.000 millones de dólares, mientras retroceden el PIB, la producción de petróleo, el valor de la moneda -ya la más devaluada del mundo-, las reservas de divisas y el país está en riesgo de suspensión de pagos (default), según las principales agencias de calificación.