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Venezuela y Grecia – Por Juan Hernández Bravo de Laguna

   

El barómetro del mes de enero del CIS ha confirmado la impresión extendida entre los ciudadanos y muchos analistas de que Podemos estaba desplazando al PSOE como segunda fuerza política y le ganaría en unas hipotéticas elecciones generales que se celebraran ahora. La formación de Pablo Iglesias registra en el barómetro una estimación de voto del 23,9%, frente al 22,2% de los socialistas. El Partido Popular seguiría ganando las elecciones, al alcanzar un 27,3%. Pero la suya sería una victoria pírrica, conseguida gracias a la división de la izquierda, una victoria que, en todo caso, no le permitiría gobernar en solitario y probablemente ni siquiera gobernar. El hundimiento de los populares durante la Legislatura ha sido constante y de enormes proporciones, si bien con altibajos, aunque se mantienen aún como la fuerza que más sufragios y más escaños lograría en el Congreso de los Diputados. Si prosiguiera su caída al mismo ritmo durante los próximos meses, ni siquiera tendrían asegurada esta precaria victoria cuando se celebraran realmente las elecciones. Quizás su única esperanza sea recuperar su voto latente, es decir, que, ante el miedo a una victoria de Podemos, sus electores desencantados -o parte de ellos- vuelvan a votarle.

El escenario futuro que dibuja este barómetro del CIS es el de un Congreso dividido en tres grandes bloques políticos muy dispares entre sí junto a una constelación de pequeños grupos. El juego de pactos postelectorales posibles para alcanzar una mínima gobernabilidad sería extremadamente complicado, y pasaría por experimentar una “Gran Coalición” PP-PSOE a la alemana, que, por el momento, los socialistas aseguran no considerar en ninguna circunstancia y los populares ya han calificado en varias ocasiones de aceptable, o bien por intentar una alianza de izquierdas entre PSOE y Podemos. Ambas opciones resultan hoy por hoy especialmente negativas para los socialistas, porque en los dos casos estarían condenados a ocupar un lugar secundario en el hipotético Gobierno que se formase. Sin embargo, su secretario general supera ampliamente a Rajoy en valoración de líderes, y el presidente del Gobierno queda relegado al último lugar. Como esta valoración se elabora solo con los líderes y portavoces parlamentarios en el Congreso, en ella no figura el líder de Podemos, el eurodiputado Pablo Iglesias. La cuarta opción que contempla el barómetro, a mucha distancia de las tres anteriores, sería Izquierda Unida, que podría lograr el 5,2% de los votos, seguida por UPyD con un 4,6% y Ciudadanos, que alcanzaría un 3,1%.

Hasta la pasada primavera, cuando Podemos irrumpió en la escena política, Izquierda Unida venía experimentando en todas las encuestas un ascenso que parecía imparable, un ascenso que se ha truncado ahora (en las últimas elecciones generales obtuvo un 6,92%). Y se ha truncado hasta el punto de que en su seno ha surgido una corriente importante y numerosa que aboga por unirse a -o integrarse en- Podemos. No parece que los esfuerzos en sentido contrario de su coordinador, Cayo Lara, vayan a tener éxito. A su vez, UPyD se estanca (en las pasadas elecciones generales alcanzó un 4,69% de los votos), víctima del autoritarismo de su líder, Rosa Díez. Lo más sorprendente son los pobres resultados de Ciudadanos, que en su salida de Cataluña al resto del país se dibujaba como un alternativa de centro al bipartidismo y un factor de estabilidad y credibilidad.

Según escribíamos el domingo pasado, la esperada victoria electoral, de Syriza, la coalición de izquierda radical griega, va a tener importantes consecuencias en España. Su similitud con la formación española Podemos y sus propuestas programáticas, y la conexión política y personal de sus dos líderes es un hecho. Y, dependiendo de cómo le vaya a Grecia y a los griegos en estos meses, los resultados de las elecciones españolas que nos esperan este año pueden variar. Es evidente que Podemos va a gobernar en Grecia por partido interpuesto. Y que todo va a depender de si el Gobierno griego de Podemos fracasa o no. A poco que Syriza tenga éxito, el bipartidismo español se convertirá en un recuerdo pintoresco, y el Partido Popular, víctima de Rajoy, iniciará su enésima travesía del desierto. Los socialistas seguirán discutiendo si son galgos o son podencos.

La irrupción de Podemos hace más necesaria que nunca la consolidación de una opción de centro reformista que ayude a gobernar a populares o socialistas, que les centre y que facilite un punto de encuentro de estabilidad y consenso, rebajando la crispación que preside nuestra vida política. Es una posibilidad que siempre ha fracasado en la democracia, desde UCD a la Operación Roca, pasando por el CDS. Había esperanzas de conseguirlo al fin mediante un acuerdo entre UPyD y Ciudadanos, pero la intransigencia de Rosa Díez ha hecho fracasar la operación y frustrado de nuevo esas esperanzas. Estos días se ha llegado a afirmar que una victoria suficiente de Podemos significaría el fin de las elecciones libres -de la democracia- en España. Cambiarían muchas cosas, sin llegar a ese extremo por la influencia europea y porque es verdad que España no es Venezuela. Aunque cuidado, no es Venezuela, pero puede ser Grecia.