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Venezuela y la ‘tumba’ – Por Andrés Expósito

   

El rumor llega despacito, nimias pero violentas gotas que salpican páginas de algunos periódicos y noticieros. El horror será extremo cuando alcance la categoría mundial de noticia, sin embargo, para entonces la barbarie cometida a tres jóvenes estudiantes contrarios al Régimen de Maduro, y también con otros, con toda seguridad ya habrán padecido y palidecido en manera aberrante, contundentes castigos y torturas que el rastro habrá fraguado y tatuado huellas físicas y psicológicas en ellos.

Siempre sucede así, los ciudadanos causa y objeto y sacrificio, en una u otra manera del horror y la barbarie de regímenes o estados, democráticos o no, de derechas o de izquierdas, para sostener y configurar proposiciones y dictados que no albergan o no proponen presente ni futuro laudable y plausible, que resisten e imperan ahogando a la ciudadanía a desahucios sociales y morales, colmado por miserias indignas, donde el sistema, la ciudad, el cemento y hormigón, los proyectos de estado, la política y economía, lejos de proponer seguridad y acomodo al ciudadano, atentan contra él.

El rumor que llega nos dice que en el corazón de Caracas, en el nuevo edificio del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), cinco pisos bajo tierra, se encuentran tres jóvenes estudiantes encerrados. A ese lugar le llaman la tumba, y son llevados estudiantes y presos políticos. Nada parece que hemos avanzado, tantas y tantas veces criticado y denostado las barbaries de unas y otras cárceles a lo largo de la historia: Guantánamo, Alcatraz, el Eastern State Penitentiary en Filadelfia, la Penitenciaria Moundsville en Virginia Occidental, la prisión de Tadmor en Palmyra (Siria), la Isla del Diablo en la Guayana Francesa, el Gulag ruso, la prisión de Pawiak en Varsovia, Auschwitz, la isla Gorgona en Colombia, y otras tantas imposibles de recabar y anotar en este artículo. Y de nuevo otra vez la misma ecuación y el horror y la crueldad que azota al ciudadano.

Abajo, dice el rumor, cinco pisos bajo tierra, entre paredes donde no hay ventanas ni luz natural ni ventilación, encerrados en celdas de suelo y paredes blancas, cama y mesa de cemento blanco, durante veinte y cuatro horas, vigilados por cámaras y micrófonos, y un bote para orinar y defecar, y donde el aire acondicionado es manipulado para que las condiciones ambientales tomen temperaturas de frigorífico se halla el nuevo juguete del Sebin. Se trata de siete celdas subterráneas de dos o tres metros, alineadas de forma continua una detrás de otra.

Ningún régimen, de derechas o de izquierdas, alberga potestad suficiente, ni siquiera bajo la hipócrita bandera de instaurar una idea loable y digna para residir social y moralmente, para vejar y atentar contra miembros del pueblo en la condición que nos indica el rumor sucede en la actualidad.

De todas maneras, disculpen, es solo un rumor, todavía no es noticia. Quizás para entonces la barbarie estrangule el desaliento. Otras veces sucedió así.

*Escritor