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Un viaje de Estado – Por Fernando Jáuregui

   

A veces, a los medios españoles, reflejo, al fin y al cabo, de la sociedad española, nos pasa esto. Que somos capaces de seguir con mucha mayor intensidad el viaje a Nueva York del líder de Podemos, pongamos por caso, que uno de, digamos, el presidente del Gobierno o hasta del Rey. Y así, cada paso que ha dado don Pablo Iglesias en la ciudad de los rascacielos ha sido glosado por nosotros como cuando, en los viejos tiempos, alguien de nacionalidad española conseguía un suelto, aunque fuese para mal, en el New York Times, que habitualmente pasaba muy mucho de nosotros. No le digo a usted más que escuché, en un noticiario televisivo, decir que “el embajador de Bolivia en las Naciones Unidas ha concedido una audiencia a Pablo Iglesias”. Nada menos que el embajador de Bolivia ante las Naciones Unidas ha otorgado una audiencia ¡privada! al hombre a quien las encuestas otorgan la segunda o tercera representatividad ante las urnas.

Recuerdo que, a mediados del pasado mes de noviembre, en pleno lío de la consulta catalana, Rajoy viajó a Brisbane, Australia, para participar en una cumbre del G-20. Le sentaron en una mesa con Obama, Merkel, Hollande, Matteo Renzi, Juncker y Van Rompuy: Putin no estaba porque se había enfadado con el trato que le daban en la cumbre y se había largado horas antes. Era un pedazo de foto: ahí es nada, el jefe del Gobierno español compartiendo mesa -y sin poner los pies en ella, como hicieron otros- con los principales líderes del mundo. ¿Cree usted que fue portada de los diarios, o que abrió los noticiarios? Pues no, hombre, no; al día siguiente, las portadas se las llevaba una asamblea de Podemos en la que Pablo Iglesias fue elegido -sin sorpresas, claro- secretario general. Un fallo de comunicación, sin duda, de los servicios monclovitas, pero creo que no solamente a esos servicios se pueden seguir achacando todos los fallos: algo estamos haciendo mal todos, comenzando por los propios comunicadores.

Así, este sábado la comisión electoral de la ejecutiva federal del PSOE recibirá las actas de las ciento cincuenta asambleas celebradas en la Comunidad de Madrid para elegir -o lo que sea- a su nuevo candidato a la presidencia de la Comunidad, donde tampoco habrá sorpresas: Ángel Gabilondo sustituirá, creo que con ventaja y para bien, a Tomás Gómez. Lástima que tan madrileña celebración vaya a coincidir con una cumbre del eurosocialismo que se celebrará este mismísimo sábado en Madrid, y en la que Pedro Sánchez es el anfitrión. ¿Qué se apuesta usted a que dedicaremos mucha más atención a los piques derivados de la elección/designación de Gabilondo en la capital que a la presencia en Madrid de cinco primeros ministros, entre otras personalidades? Castizos que somos.

Y menos mal que a Pablo Iglesias no se le ha ocurrido hacer ningún viaje de Estado este fin de semana para mantener una audiencia con quién sabe qué embajador…