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Vuelta a la nada – Por David Sanz

   

Quedan pocas palabras para definir lo que La Palma quiere para su futuro. Mira que ha habido expertos, consultorías y gabinetes que se han puesto a pensar lo que la Isla Bonita debería ser, para dejar de ser lo que es, sin perder lo que ha sido. Lástima que Heidegger no pensó Ser y tiempo inspirándose en esta tierra, hubiera sido todavía más complejo el texto del filósofo alemán. O el mismo Wittgenstein, que sería todavía más honesto, y habría decidido tirar la escalera una vez alcanzada la altura conceptual, resignado por no llegar a conceptualizar esta realidad tan compleja. Este galimatías se ha convertido en un auténtico laberinto para La Palma, por no hablar de un agujero negro en el que cualquier paso que se intente dar está condenado a vagar eternamente por el universo de las indecisiones en el que flota la Isla. Son muchas las fuerzas que planean sobre cualquier iniciativa impidiendo que se mueva. Y lo peor de todo es que estoy convencido de que son bien intencionadas. Pero en esta tensión de vectores, en el que cada uno tira con idéntica fuerza pero en sentido contrario, sale perdiendo una sociedad que ve cómo el tren del progreso pasa por delante sin que se pueda aupar por una serie de complejos y prejuicios que limitan su crecimiento. Parece que todavía hay quienes entienden que la Administración y el plátano van a ser suficientes para encarar con ciertas garantías el futuro, que cada vez es más un presente agonizante, cuando es obvio que este estado de cosas no ofrece oportunidades para los que no están en ninguna de esas dos órbitas, que son cada vez más personas. El último de estos capítulos es la alegación de los ecologistas que pretende hacer volver al proyecto del Centro de Visitantes del Roque de Los Muchachos a su punto de partida.

Es decir, a la nada. Después de varias décadas mareando la perdiz con este proyecto, cuando parecía que por fin iba a salir en este ejercicio, llega este cuestionamiento que pretende plantear de raíz un asunto que estaba debatido hasta la saciedad y consensuado por todos los representantes públicos, que no solo cuestiona el procedimiento formal seguido para su aprobación, sino también la obra y, lo más surrealista de todo, incluso el emplazamiento. Parece que los ecologistas no están ni siquiera de acuerdo con los legítimos representantes del pueblo de Garafía, que es la Corporación municipal, que ha cedido los terrenos en el Roque de los Muchachos para la realización de esta obra, y plantean que se haga en otro punto del municipio y no en la cumbre del mismo, en las inmediaciones del Observatorio. Pues nada, ahora es posible que tengamos que esperar otros cinco o seis años más a que el expediente vuelva a sus orígenes para que se pueda crear una de las infraestructuras más demandadas por el sector turístico. ¿Total, qué es una raya más para un tigre? La acción de control de las administraciones públicas es legítima y estimable. Pero creo que esta tarea debe tener también un punto de responsabilidad para la sociedad en la que se emplea. La Palma ha sido un modelo en cuanto a protección de su medio natural, por muchos fallos que aún se puedan encontrar, que son peccata minuta en relación a lo que ha ocurrido en otras islas, donde el ladrillo y el cemento han desequilibrado un modelo sostenible. Por eso entiendo que no se puede emplear la misma vara de medir para enjuiciar determinadas acciones, que no atentan contra la naturaleza y permiten dar un paso para salir de la nada.