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El abrigo – Por Caco Senante

   

¡Qué mal le queda a un canario un abrigo! Yo creo firmemente que es una venganza histórica de la prenda hacia los habitantes de las islas. Esta teoría está fundamentada en que el canario, de por sí, nunca poseía un abrigo en su vestuario. Y cuando viajaba, especialmente a la Península o Londres, durante el otoño o invierno, solía pedir un abrigo prestado a uno de los pocos que lo tuviera. Eso hacía, que uno tenía que vestir aquella prenda sin que necesariamente fuera de su talla. Uno estaba cansado de encontrarse a canarios, en Madrid, vistiendo abrigos que o le quedaban enormes o apenas podían respirar, de lo apretados que estaban dentro de ellos. No había Corte Inglés y las tiendas de ropa de caballero, no iban a tener un stock de abrigos para vender uno de vez en cuando. O uno no se iba a comprar un abrigo para ponérselo cuatro veces. Hoy la cosa ha cambiado. Ahora el poder adquisitivo es otro y la gente viaja más y de otra manera.

Estoy hablando de los años 50 y 60 del siglo pasado, donde salir fuera de las islas era un auténtico acontecimiento social. La gente se vestía elegantemente para viajar. Y además, toda la familia acudía a despedirte a Los Rodeos. Cosa que hacían, acompañándote hasta la misma escalerilla del avión, haciéndote todo tipo de encargos y colmándote de deseos. Luego, al llegar a Madrid y descender del avión… ¡había un fotógrafo que te dejaba un testimonio gráfico para la posteridad! Y ahí es donde aparece la prueba del delito. Tengo fotos de esas, con gabardinas y abrigos prestados, donde luzco con una pinta infame. Justo ahí es donde se fragua la venganza del abrigo hacia los canarios. ¡Qué mal nos queda!¡Y las bufandas! Yo recuerdo cuando en la isla no existían las bufandas. Las bufandas aparecen en Canarias como merchandaising de los equipos de fútbol, no como prenda de abrigo para la garganta. Y eso no sucedió hasta que el Tenerife subió a Primera División. Cuento esto porque estuve por la isla a principio de febrero y… ¡hacía un frío! Va a ser verdad lo del cambio climático. Asombrado comprobé que la gente iba por la calle luciendo abrigos y bufandas. Y aunque a muchos no les quedaban muy bien, me quedé pensando que el tiempo ha cambiado tanto que a lo mejor me voy a tener que comprar un abrigo. Deja ver…