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Antonio Betancort – Por Luis Ortega

   

Tras el tinerfeño Luis Molowny fue el futbolista canario con mayor protagonismo en el Real Madrid que, en la lenta posguerra, representó la referencia de lo que hoy se conoce como Marca España y un motivo de alegría para mucha gente que, con sus triunfos nacionales e internacionales, tapaba las carencias y las contrariedades diarias. El astuto constructor de la Leyenda Blanca, Santiago Bernabéu, lo fichó en 1961, avalado por dos brillantes campañas con la Unión Deportiva y la expresa recomendación de el Mangas, que, tras su retirada de los terrenos de juego, mantuvo su vinculación con el club de Concha Espina como “asesor presidencial y buscador de talentos”. Después de un año de cesión y fogueo en el Deportivo de La Coruña, defendió durante una década la portería de “un equipo en plena renovación, con una plantilla joven y trabajadora y dos estrellas nacionales, Paco Gento -el único futbolista que puede presumir de seis entorchados continentales- y el gallego Amancio, el delantero de mayor talento de los sesenta”, como expresó el conductor de la difícil transición, Miguel Muñoz, un centrocampista solvente y un técnico responsable que batió el récord de permanencia en el banquillo y fue, posteriormente, preparador del representativo de Gran Canaria. “Fue una etapa dura pero ilusionante -me comentó en una entrevista para TVE- porque tras un ciclo que, difícilmente se volverá a repetir con otro equipo, en este u otro país, teníamos que seguir adelante y demostrar, con humildad y trabajo, que había vida después de las cinco Copas de Europa consecutivas y que el equipo estaría siempre por encima de los intereses y gustos personales”. Al igual que a Grosso, que le tocó sustituir a Alfredo Di Stéfano, nada menos, “Betancor llegó tras dos guardametas históricos, Juanito Alonso y Domínguez, y lo hizo muy bien. Fue un portero de gran presencia, con buenos reflejos bajo los palos y valiente en las salidas”. Lanzaroteño de Haría y residente desde la infancia en Las Palmas, regresó con la Copa de Europa de 1966 (tras varios años de sequía), seis campeonatos de Liga, dos Copas del Generalísimo, claro, y sendos trofeos Zamora. Asocio su recuerdo al No-Do, la tele en diferido y blanco y negro y un álbum de cromos de la Primera División, superviviente de varias mudanzas, con las fotos de los reyes del domingo opacadas por los años y con el aura amarillo que se posa sobre las fotografías, los libros y los dulces recuerdos de la infancia.