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El bar El Combate desafía el paso del tiempo

   

Serafín Sosa Melián ya está jubilado pero no puede evitar pasar a menudo por la calle y el bar donde estuvo trabajando junto a sus hermanos durante 45 años. | SERGIO MÉNDEZ

Serafín Sosa Melián ya está jubilado pero no puede evitar pasar a menudo por la calle y el bar donde estuvo trabajando junto a sus hermanos durante 45 años. | SERGIO MÉNDEZ

Rafael Lutzardo | Santa Cruz de Tenerife

Santa Cruz de Santiago de Tenerife es una ciudad vieja, llena de historia y de historias. Aquellas veredas y caminos de tierras, más tarde empedrados convertidos en calles, fueron escenarios de las escaramuzas de los conquistadores, de piratas y de los soldados de la Marina Británica del contraalmirante Horacio Nelson, cuando quiso conquistar Tenerife. Una de esas calles añejas y llenas de historia es el callejón del Combate, ahora, renovado como bello rincón de la ciudad chicharrera, engalanado de tascas, bares y restaurantes.

El 28 de diciembre de 1966 esta pedazo del corazón de la ciudad de Santa Cruz “latía” de vida al ver nacer un local singular. Allí, y con el mismo nombre de su calle, se inauguró el Bar El Combate, cuyos primeros dueños fueron Isaac Benhay y Curbelo. Poco después llegaron como empleados los miembros de la familia de Sosa Melián, compuesta por los hermanos Serafín, Manolo y Luis, junto con el que sería su fiel socio durante 31 años, Albéniz, al cual el destino se lo llevó tras una larga y cruel enfermedad. Este pequeño, pero importante negocio familiar estuvo activo con estas personas durante 45 años. Cuenta Serafín Sosa, unos de sus dueños, ya jubilado, “que la idea de coger el negocio fue porque en el citado Callejón del Combate estaban las oficinas del carnet de identidad y en sus inmediaciones grandes empresas como el periódico La Tarde, Galerías Preciados, Radio Club Tenerife, Telefónica, Radio Juventud, Emmasa, la Federación de Boxeo, y las sedes del CD Tenerife y la Cruz Roja”.

bar El Combate

Este emblemático negocio, el único que había en el señalado lugar en 1966, con el suelo aún de tierra, concentró a cientos de clientes de la clase media alta a lo largo de su actividad comercial. Este establecimiento perteneciente al sector de comidas y bebidas, fue punto de encuentro de personajes ilustres del mundo de la cultura, la ciencia, los medios de comunicación, el arte, la política, la empresa, el deporte, las artes gráficas y de una sociedad que ya había comenzado a resurgir con objetivos como metas de futuro. Nombres como don Víctor Zurita Soler, Alfonso García Ramos. Víctor Zurita (hijo), Chela, Luis Ramos, Pepe López, Alberto Santana, Reguero, Paco Cansino, Ángel Acosta, Enrique García Ramos, Sombrita, Barrera Corpas, Javier Pérez, Carrillo, Salvador García, Reguero, Paco Pimentel, Santiago Togores, Andrés Chaves, Xuancar, Eliseo Izquierdo, Manuel Negrín, Francisco Ayala, Juanjo Guillén, Matías Llabrés, el torero José Mata y un largo etcétera de personajes de la sociedad isleña.

Serafín Sosa recuerda con nostalgia el cariño y el respeto que aquella clientela les dio en aquella romántica etapa de los años sesenta: “Ese fue nuestro mejor patrimonio, el cariño que siempre tuvimos por parte de nuestros clientes”. Años más tarde, en 1975, la sociedad formada por Serafín Sosa y Albéniz decidió ampliar el negocio, inaugurando el bar El Combate II, lindando con Radio Club y el periódico La Tarde. Recuerda Serafín que “los primeros bailes en Carnavales se hicieron en la plaza del Príncipe, en el Parque Recreativo y en la trasera de la calle del Pilar. Manteníamos los mismos precios y la calidad de las tapas. No cerrábamos hasta las 8 o las 9 de la mañana. Atrás quedan los años donde un café costaba dos pesetas, un cortado 2,50, una cajetilla de tabaco rubio 3 pesetas, y medio whisky 6 pesetas”.

En la actualidad todos los hermanos de la familia Sosa Melián están jubilados, salvo Luis que falleció a los 35 años. En el presente, el Bar El Combate sigue abierto al público. Queda aun como empleado de aquella época de los setenta, el famoso y buena persona Pancho.

Los años no pasan en balde y Serafín Sosa Melián y sus hermanos disfrutan ya de sus respectivas jubilaciones, paseando a diario por las calles de Santa Cruz de Tenerife, pero sin dejar de pasar de vez en cuando por el Callejón del Combate.