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después del paréntesis >

Barcelona – Por Domingo-Luis Hernández

   

Los expresidentes del FC Barcelona Joan Laporta y Sandro Rosell fueron llamados a declarar ante el juez por el supuesto incumplimiento de un contrato de explotación publicitaria con La Masía. Nada que objetar. El Barcelona se defenderá y el juez decidirá si los 100 millones que reclama la empresa MCM están ajustados a derecho o no. Si sí, otro pormenor a añadir a los negocios “rentables” de los últimos meses en el club, con un jugador que dijeron costó tanto, para vergüenza del Madrid, y costó cuanto, y con Hacienda pisándoles los talones. Asunto normal de cuantos asuntos normales se registran en este país, como el del presidente de la capital de España, don Ignacio González (del PP), que aduce una conspiración policial contra él, o como confirmó don Oriol Pujol en el Parlament de Cataluña que ni tiene dinero en el extranjero, ni cobró comisiones y que la herencia del abuelo a él no le tocó.

No sorprende lo leído dado el cariz que toman los acontecimientos en este suelo. Aunque cabe contraponer algún asiento a la razón, en tanto desde los clásicos griegos se afirmaba que sin razón el mundo andaría a la deriva.

Centro la historia en una cuestión primorosa: el bilingüismo. Antes cabe aclarar que los sujetos aludidos se apresuran a enterrar los deslices en un agujero, aunque sea con las bombas de Hiroshima y Nagasaki entre las manos. La historia: el ex presidente Laporta, que pretende ser presidente otra vez, fue recriminado por el juez por su impostura ante él; y, dos, se negó a declarar en castellano. Luego, se manifestó en su integridad: el catalán declama el alma del independentismo y los jueces de España tienen para ellos el valor que tienen, y ha de revelarse. Así, en Cataluña la autoridad judicial en su sitio, a pesar de las temeridades “nacionales” que hayan cometido; el bilingüismo también. Tal cosa aducimos cuando en las ruedas de prensa tras un partido de fútbol periodistas catalanes preguntan en catalán a entrenadores que no hablan catalán y sí castellano.

Dicho, pues, el español es una carga colonialista del Estado de España (igual que la magistratura o el Tribunal Constitucional). Me ocurrió en la Pompeu Fabra hace algún tiempo. Le hablé de Borges a los alumnos. Lo curioso fue que un grupo del fondo de la clase andaba a su deriva. Con la sorpresa me explicaron la más salvaje aberración: en Cataluña no interesa Borges, ese que los ingleses, norteamericanos o alemanes… leen en su idioma porque es uno de los portentos más primorosos de este mundo, no interesa Borges porque escribe en español.

Lo que soporta semejantes atrofias es el independentismo aludido. De lo cual se deduce que, dada la posición que sustentan esos personajes, se enfrentan a una enigmática contradicción: defender un proyecto que haría inviable al club que gobiernan, que haría que el FC Barcelona desapareciera de este mundo.

¿Eso declararán también ante el magistrado? Es previsible, dado lo sagaces que son en los negocios y en lo que representan.