X
YO, TÚ, ELLA >

“Canto como canto porque soy de donde soy”

   
La cantante es la voz de Mestisay desde hace ya varias décadas. / PATRI CÁMPORA (LA CASA DE LA PLAYA) Olga Cerpa defiende la mirada canaria en la música. / PATRI CÁMPORA (LA CASA DE LA PLAYA)
<
>
La cantante es la voz de Mestisay desde hace ya varias décadas. / PATRI CÁMPORA (LA CASA DE LA PLAYA)

VERÓNICA MARTÍN | Santa Cruz de Tenerife

Olga Cerpa es esa cantante que nos recuerda a la renovación del folklore canario a través de Mestisay, el grupo bandera de los años 80 y 90 junto a Taburiente. Ahora su voz se ha hecho tan internacional que pisa alfombras rojas en los Grammy latinos llevando como bandera el matiz isleño. Habla claro y dulce sin olvidar sus raíces y sin dejar atrás a esa niña que cantaba en la cocina de su casa.

-No se muy bien por qué, pero me la imagino de pequeña siempre cantando, rodeada de familiares que también eran artistas…
“De las pocas cosas que tengo claras desde muy niña es que yo soy una cantante. Luego lo convertí en una profesión, pero ya era una cantante con cuatro años. Mi padre canta muy bien y su familia fue muy activa musicalmente. Crecí en un entorno donde la música tenía un gran valor y nos acompañaba en la vida. Sabía que era cantante igual que sabía que era morena o canaria. Otra cosa era poder realizar el sueño de convertir eso en una profesión…”.

-Y… lo logró. ¿Cómo cambió todo?
“Empecé a hacer música con el primer grupo femenino que se creó en Canarias: Tabona. En esa época, el conocido Nanino Díaz Cutillas, que tenía entonces su célebre Tenderete, se quedó entusiasmado con nosotras y nos llevó al programa. Ahí es cuando me conoció Manuel González y me llamó para cantar en Mestisay. Eso marcó un antes y un después en mi vida y determinó el que empezara algo que terminó siendo mi profesión”.

-¿Estudió luego música?
“Ambas cosas fueron paralelas. Hice cuatro años de solfeo y algún año de instrumento, pero no lo acabé. También es verdad que el canto coral que se estudiaba en ese momento no servía para dedicarme a la canción popular y eso me desanimó. Creo que sigue habiendo un déficit grande en formación reglada para la música popular y, especialmente, para los cantantes, porque hay una gran diferencia técnica -e incluso antagonista- entre la música popular y la lírica. Un cantante popular no aprende a cantar bien en el conservatorio y no me refiero solo a folklore sino también a pop, rock o jazz… No hay muchas alternativas y eso me apartó del mundo académico y me obligó a ser autodidacta, que no está mal, pero no es la mejor de las opciones”.

-Su llegada al mundo de la música coincidió con un momento de revindicación de la canariedad y Mestisay participó de ese movimiento, ¿cómo fue?
“Entro a Mestisay cuando se produce la nueva ola del folklore canario. Por una parte, Taburiente con su mirada y Mestisay con otra fueron partícipes de todo ese momento. Yo era muy joven y lo miro con ternura porque estábamos en el momento en que queríamos cambiar el mundo. En ese instante, la sociedad marcaba esos caminos que se acentuaban en la música de raíz y de identidad. Nuestra música, como le ocurrió a Taburiente con su propia trayectoria, era revitalizante. Con el tiempo, mi papel en Mestisay pasó a tomar más relevancia y decidimos dar el paso a profesionalizarnos. Me quedé junto a Manuel González y a Antonio Montesdeoca y decidimos irnos a Madrid”.

-¿Qué supuso para la historia reciente de Canarias ese ambiente en el que participaron?
“Para bien y para mal, en los años ochenta hubo un afianzamiento de las ideas nacionalistas que revindicaban la identidad canaria. A día de hoy nosotros seguimos manteniendo esa revindicación intacta. Por eso apostamos por En busca de Valentina y porque siempre queremos poner en valor de donde somos y tenemos claro que porque somos de donde somos, somos especiales. Yo canto como canto porque soy de donde soy”.

-¿Cree que el folklore, tras la nueva ola mencionada, ha sabido adaptarse a otros tiempos más actuales?
“El folklore creo que debe tener una utilidad social concreta. El folklore debe estar presente en la vida diaria de un pueblo pues sirve para celebrar la Navidad de una manera completa, para bautizos… y reuniones sociales. Tiene una utilidad en sí mismo que no necesariamente tiene que ver con subirse a un escenario. Sin embargo, sin sentar cátedra, creo que salvo el caso del timple que está teniendo una dimensión muy interesante con nuevas propuestas e intérpretes, el resto de la música folklórica que se sube al escenario la veo en un terreno muy circular y poco arriesgado”.

-Sin embargo, ustedes han reversionado todo…
“Nosotros no tenemos vergüenza. Han pasado muchos años y decidimos, hace tiempo, siendo de donde somos y mirando el mundo como lo miramos, a qué orillas nos podemos sumar para que sean viajes de ida y vuelta lógicos y hemos encontrado muchas orillas en lugares como Cabo Verde, Sudamérica, Portugal… cuando hicimos Más al Sur incluímos temas del cancionero de autor, pero todo visto desde la orilla de donde somos, que es lo que nos define. Picamos de muchas flores, pero sabemos donde tenemos la colmena”.

-Pues de tanto picar resulta que pasó usted de Tenderete a estar nominada en los Grammy Latinos…
“Pues llegué al proyecto Mujeres con cajones (junto a Albita y Eva Ayllón) aportando la mirada desde mi orilla, desde Canarias, algo que me da mucha alegría y mucho orgullo porque tengo la sensación de que un trocito de Canarias estaba conmigo en todo ese tiempo. No he querido suplantar nada porque se reconoce que canto de una manera porque soy de donde soy”.

-¿Cómo es la experiencia de una alfombra roja como esa?
“Fue muy interesante. Durante unos días convives con músicos excelentes de habla hispana y te tratan como si te lo ganaras y es una especie de celebración de la música latina. Estar ahí presente fue muy emocionante porque no se me olvida que soy la misma niña que tocaba el laúd en la cocina de mi madre y que tenía esos mismos sueños. Pasar de esto a estar nominada a un Grammy es un salto muy grande y, aunque quede pretencioso, creo que de alguna manera se reconoce el acento canario en la música también con esa nominación”.

-Su último proyecto, Estación Lisboa, mezcla mucho desde boleros clásicos hasta vals peruano con el cancionero popular portugués. ¿Por qué este disco?
“Portugal y Mestisay tiene una relación de amor desde hace muchos años. He trabajado mucho en Portugal, he amado en Portugal y hay algo en Lisboa en concreto que tiene mucho que ver con cómo sentimos la música desde Canarias, más que incluso el resto de la Península ibérica. Tienen una historia importante con Canarias por su vinculación con la Macaronesia. Ya nos pasó con Pequeño fado, pues su manera de expresar una música como el bolero o la música caribeña con los sonidos del fado hace que nos encontremos con un lenguaje que nos gusta y nos permite expresarnos muy bien porque nosotros somos menos dramáticos que los sudamericanos cantando el bolero y somos menos tristes que los portugueses con su saudade. Nos ha dado mucha alegría y hemos llevado el espectáculo a Dinamarca, Italia, Portugal o Estados Unidos… y en todos los sitios gustaba mucho. Este disco profundiza en ese lenguaje y nos permite mucho cantar de una manera muy propia”.

-Este último disco ha sido autoeditado, ¿se acabó el mundo de depender de las compañías discográficas?
“La industria dicográfica como tal está destinada a desaparecer en breve porque el mundo ha cambiado. Nosotros elegimos hace años autoproducirnos porque el disco como formato físico ya solo tiene la utilidad de servir como tarjeta de presentación. Eso también ha cambiado porque a las nuevas generaciones les gusta bajarse la canción de Internet, aunque aún el disco funciona para aquellos que lo quieren tener. De todas formas, por una parte está la industria y por otra está la música; y los artistas lo que hacemos es tocar en directo. Ahora, en lugar de bregar con la gran industria que tiranizaba el trabajo del artista, hemos preferido desde hace muchos años autoproducirnos y, aunque sea de una manera artesanal, controlar más el desarrollo de lo que haces”.

-¿Cómo se consigue actuar en todo el mundo?
“No somos Rihanna… se consigue con mucha constancia y esfuerzo manteniendo -a veces con muchas dificultades- niveles de calidad altos. Somos muy exigentes cuando nos subimos al escenario y, también, el elemento suerte influye: si estás en el momento adecuado en el sitio adecuado… La nominación al Grammy supuso, por ejemplo, que nos llamaran de sitios nuevos”.