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El ciclo de la vida – Por Manuel Zaguirre

   

Hace casi un año vino mi primera nieta, hija de mi primera hija. Hace apenas unas horas llegó mi segundo nieto, hijo de mi segundo hijo. Uno no es consciente de qué es realmente el ciclo de la vida cuando eres padre; yo no había cumplido aún los 26 años cuando fui padre de mi primera hija. Sin temor a equivocarme cabe decir que mi nivel de madurez no era muy superior al de ella… Se tiene consciencia plena de lo que es el ciclo de la vida cuando la hija o el hijo te arriman ese ser extremadamente frágil, te instan a tenerlo en brazos y te dicen que es tu nieta o tu nieto… Entonces sí, entonces percibes con nitidez que una vida comienza casi de cero, la suya, y otra declina hacia el final irreversible, la tuya. Entonces sí, tienes esa sensación de que estás dando el testigo, el palito ese que se dan los atletas en las carreras de relevos, a un atletita, tu nieta o nieto, que tiene por delante una carrera tan larga como corta y hacia ninguna parte te queda a ti. Y en esa sensación fugaz de entregar el relevo no puedes evitar como un escalofrío porque leíste no hace mucho que los niños y niñas que están naciendo ahora alcanzarán con holgura los 100 años de vida en términos de cálculo demográfico. Sujetas, inseguro y temeroso de que se te escurra entre las manos, como le ocurría a aquel padre que cantó Victor Manuel en Solo pienso en tí, al arranque humano del próximo siglo y el escalofrío es ya esa sensación de impotencia ante preguntas que son más bien presagios y temores ciertos: ¿qué será de esa vida centenaria en lo tocante a su educación, la convivencia, la relación con unos padres que sin aspirar a centenarios comparten idénticos temores, su trabajo, la garantía de convertir sus amores en proyectos de vida y de futuro, sus libertades y protagonismo sociopolítico, su vejez…? Esa criatura que crees que te mira y te sonríe, y que dio sentido último a tu vida militante, aunque no lo has sabido hasta ahora, piensas que te dice: “Garantízame mi dignidad en mi vida, aitona, aunque no alcance al siglo la edad…”; “Ojalá pudiera, cielo, ojalá pudiera…”. Imagina contestarle tú. En fin, cosas de viejos, no me hagan mucho caso.

*Ex secretario general de la USO