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El cumpleaños – Por Rafael Muñoz Abad

   

Cuando tenía diez años en mi casa había un atlas y en lo que hoy es Zimbabwe aparecía Rhodesia. Con él estudié geografía y, casualmente, también incluía aquella Libia de enseña tricolor que ahora intenta volver a ondear en el caos tripolitano. Asimismo, recuerdo una profe independentista-progre-guay-marxista -una adelantada a su tiempo- que a los alumnos de origen continental, entiéndase godos, los marginaba cual albinos en África. De los muchos berrinches que le procuré, imagino que el incidente Rhodes fue el que más la encolerizó. Para mí era Rhodesia. Así lo había estudiado y a su entender eso era un enardecimiento del colonialismo. Una majadería inadmisible en un mocoso rubio como la cerveza con pantalón de tweed. Al tema.

Zimbabwe hoy está “gobernado” por el prototipo de tirano africano. Un megalómano que convirtió el granero de África en una finca arruinada e improductiva bajo la habitual oratoria populista de que la tierra es para quien la ara. Los granjeros blancos se han visto perseguidos y tiroteados por una chusma de borrachos armados cuya única justificación es haber pertenecido a la guerrilla independentista que liberó al país del gobierno blanco. Una “reforma” de la tierra, que amparada más en términos raciales que productivos, tornó haciendas fértiles en páramos. El colonialismo y el only whites de Iam Smith fueron un abuso. Cierto; pero no menos lo son la corrupción generalizada y el despotismo de Bob Mugabe. Recientemente, este alumno aventajado de Amín y del culto a la personalidad ha celebrado su cumple y para ello ha masacrado a cientos de antílopes, elefantes y leones. El país, antaño productivo en algodón y maíz, está aislado y sumido en una crisis económica. La perversión de la vida comercial bajo el discurso indigenista disparó el desempleo; los blancos, acorralados por el binomio asesinato-expropiación, huyeron; generándose una diáspora de mano de obra cualificada a países anglosajones. Mugabe buscó inversión e infraestructuras en China y el país, para los estándares africanos, mejoró razonablemente. Poco queda ya de aquella Rhodesia en sepia. Saludos, profesora Milagros.

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