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Dalia de la Rosa: “El espectador debe educar la mirada”

   

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Fotos SERGIO MÉNDEZ

Dalia de la Rosa (Santa Cruz de Tenerife, 1983), junto a Frasco Pinto (responsable de la galería Artizar), comisaría la exposición Osmosis. Blancas + Nicanor, que se podrá contemplar en TEA Tenerife Espacio de las Artes hasta el 7 junio, cuya entrada es libre. Una cuarentena de obras de Julio Blancas y Carlos Nicanor dialogan a lo largo de siete espacios expositivos que concluyen en una pieza creada a cuatro manos entre ambos creadores en un espacio recoleto y nigérrimo que invita al espectador a reflexionar y aislarse del mundo exterior.

-¿Cómo ha sido el proceso de comisariar Osmosis. Blancas + Nicanor junto a Frasco Pinto?

“Frasco Pinto me propuso hacer una dual de Blancas y Nicanor en la que le proponíamos llevar a cabo un proyecto al unísono. Ha sido un proceso de dos años de un equipo de trabajo. Julio visitaba el taller de Carlos y viceversa. La forma de comisariar que tenemos Frasco y yo es singular, porque nos implicamos en todo el proceso. Hemos sido un soporte de gestión más allá de seleccionar obra y escribir un texto. Lo convencional suele ser trabajar sobre obra hecha no sobre proyecto. Casi todas las obras de esta muestra han sido creadas ex profeso”.

-¿Por qué la obra de Julio Blancas y Carlos Nicanor dialoga en Osmosis. Blancas + Nicanor?

“La intencionalidad de establecer un diálogo entre la obra de Blancas y Nicanor parte de compartir determinadas formas geométricas, llegando en ocasiones a un equilibrio osmótico y en otras, a un choque. Lo contemplo como un movimiento pendular, en el que a veces se tocan, y en otras ocasiones, se repelen. En la última sala se produce una comunión entre los dos, en la que construyen un refugio, Nicanor de forma tridimensional y Blancas de forma bidimensional. En el centro de la sala se sitúa un tipi elaborado con madera de cedro. A su alrededor se ubican varias piezas (entre ellas Tryptico, que refleja tres fases lumínicas distintas del día), en las que se palpa el compañerismo artístico”.

-¿Cuál es la esencia de la obra de Julio Blancas?

“Su esencia se puede resumir con las palabras maestría y genialidad. Su obra se centra en la búsqueda continua de resolver el nudo gordiano (que no tiene principio ni fin) como se aprecia en su Maletín de supervivencia, integrado por 500 nudos gordianos. Es una forma de trabajar muy enérgica. Es uno de esos artistas que solo con un echar un vistazo a su obra ya sabes quién es”.

-¿Y de Carlos Nicanor?

“Nicanor juega directamente con el espectador. Por ejemplo, en Mon transgrede las formas para proponer retos visuales al espectador. Aunque pueda sugerir otras formas, en realidad representa una montaña inclinada. Su obra se caracteriza por la exuberancia visual y por un trasfondo que no deja indiferente. Él busca formas que lleva al agotamiento”.

-Una de las obras de Nicanor que concitan más la atención es Sweet. ¿El arte actual busca epatar al espectador más que hacerlo reflexionar?

“Lo que busca Osmosis -sin tilde porque el título alude a su etimología griega- es hacer reflexionar y no impactar. Sweet es un sillón en el que no podemos sentarnos. Es la imposibilidad del asiento. El impacto visual no es el objetivo de este proyecto expositivo. No queremos que el espectador se quede en la superficie de la obra. Un diáfano ejemplo es En la piel del buey, una obra que te obliga a moverte, a descubrir la obra, alejándote o acercándote”.

-¿Por qué habéis optado por una iluminación tenue?

“La iluminación crea un discurso. Hemos encontrado una especie de comunión con la luz ya que las obras de Nicanor buscan la intimidad. No queríamos iluminar todas las salas y las piezas de una forma uniforme”.

-La visita se cierra con una pieza conjunta que da título a la exposición. ¿Qué representa?

“Es un círculo que representa el choque cósmico entre dos artistas. Es una obra creada a cuatro manos. La estructura de madera es obra de Nicanor, que fue, posteriormente, intervenida por Blancas, estableciéndose un diálogo fluido entre los dos. Este espacio final deja al espectador en una especie de stand by”.

-¿Qué diferencia existe entre comisariar sola y en comandita?

“Cuando trabajas de forma conjunta, la otra persona es un apoyo que te aporta un conocimiento que complementa el tuyo. Además puedes acceder a proyectos más trabajosos. Si el proyecto conjunto no es fluido lo mejor sería no llevarlo a cabo”.

-¿A qué achaca la incomprensión del público en general hacia el arte abstracto?

“Lo relaciono con no querer ir más allá del análisis estético de la obra. El espectador debe de educar la mirada y ser sensible. El arte contemporáneo es susceptible de ser analizado desde diversos puntos de vista”.

-Usted es guía en las visitas al almacén del Museo de Bellas Artes de la capital tinerfeña. ¿El arte hay que explicarlo?

“El arte hay que difundirlo y preservarlo porque es testigo de la época en la que vivimos. El arte es lo que nos define. Si no tenemos conocimiento de nuestro patrimonio podríamos incurrir en el error de destruirlo. Las guías a escolares, a partir de Secundaria, y público en general por el almacén del Museo de Bellas Artes son visitas gratuitas que se pueden concertar en el teléfono 922 244 358”.

-También forma parte de la Asociación Cultural Solar. ¿Cómo surge y qué proyectos tienen a la vista?

“Solar es un proyecto de Lola Barrena que empezó con una exposición en un espacio deshabitado de la santacrucera calle Suárez Guerra. Para la segunda muestra, De manifiesto, se puso en contacto conmigo para comisariarla. Hace seis meses se constituyó en asociación cultural sin ánimo de lucro gracias a 80 socios y un equipo de trabajo, que lo completan Estíbaliz Pérez y Alfredo Umpiérrez. Recientemente hemos sido seleccionados en un programa de residencias a escala nacional e internacional, El Ranchito. En breve viajaremos a Madrid (Matadero), y luego a Puerto Rico con el objetivo de establecer nexos con entidades culturales para venideros proyectos artísticos”.