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Diario de una anoréxica – Por Tamara de la Rosa

   

En las últimas semanas, ha sido noticia el número elevado que todavía existe de personas que sufren este tipo de trastorno. Se trata de una enfermedad que puede llegar a ser tan letal como el cáncer y un auténtico infierno emocionalmente. “Hace ya casi 15 años que pasé el calvario de vivir para la anorexia. Esclava de mi cuerpo o, más bien, presa de una mente enferma. Nunca tuve un buen autoconcepto sobre mí. A pesar de mi coraza que me hacía aparentar todo lo contrario, era una persona insegura de mí misma y acomplejada. Nunca tuve sobrepeso pero tampoco estaba conforme con lo que veía en el espejo. Pensamientos normales tipo “me gustaría adelgazar algún kilo” se convirtieron en pensamientos destructivos cargados de catastrofismo, como “si subo un kilo me muero”, o “noto que el helado se me fue directamente a las caderas”. Elegí la opción mas sencilla y me animé con una de esas dietas exprés. Conseguí adelgazar dos kilos en 6 días. ¡Me había propuesto algo y lo había conseguido!. Como pocas veces en mi vida, me sentí orgullosa de mí. Pero este solo fue el comienzo de una auténtica pesadilla. Buscando esa sensación de control, me volví adicta a perder peso. Esperaba algún día mirar al espejo y estar contenta con lo que veía pero ese día nunca llegó porque, la insatisfacción conmigo misma no dependía de bajar o subir unos kilos. La insatisfacción estaba en mi mente. Medía mi felicidad según mi cuerpo. Caí en el círculo vicioso de la anorexia. Cuanto más adelgazaba, más gorda me veía por lo que restringía cada vez más la comida que ingería. Auténtica distorsión de la realidad. Me pregunto cómo mi cuerpo aguantó tanto automaltrato ya que dejé de comer entre semana, haciéndolo únicamente sábados y domingos. Esos días devoraba y luego, me provocaba el vómito. A todo esto se le unía un abuso de laxantes y una personalidad obsesiva que buscaba la perfección en todo hasta un punto enfermizo. Recuerdo que cuando único me encontraba bien era cuando me decían que me encontraban fea de lo delgada que estaba. ¡Qué incoherente! Lógicamente, los problemas físicos aparecieron aunque, por suerte y gracias a la pronta detección por parte de mi familia, no fueron tan graves como podían haber sido. Se me cayeron uñas, trozos de muelas, muchísimo pelo, infecciones urinarias, vómitos con sangre, depresión y reconozco que muchas veces, mientras cogía el sueño, deseaba no despertar.

El día que mi familia me “pilló” fue un bombardeo de emociones. Por un lado, sentía rabia porque lógicamente me obligaban a comer y me vigilaban las 24 horas del día. Por otro lado, sentía alivio. Por fin iba a salir de esa pesadilla y, por otro lado una culpa inmensa por haberles destrozado la vida. Mis padres envejecieron por culpa de mi trastorno. Estuve con tratamiento farmacológico y psicológico durante años. Controles analíticos y especialista nutricional. Tuve varias recaídas pero nunca, como la primera vez. Siempre coincidía con épocas de mi vida en la que los nervios y la ansiedad era mi más fiel compañera. Hoy en día, me acepto como soy, manejo mi ansiedad y además, he llegado a conocer mis propios límites”.
Si te sientes identificada/o leyendo este artículo, pide ayuda. No exagero cuando digo que la anorexia puede llegar a ser tan letal como otras enfermedades. No estás loca/o. Solo tienes un problema en donde tu mente te hace actuar de manera irracional pero aunque no lo creas, si hay salida. Eres mucho más que un cuerpo y puedes tener delgadez sin dañar tu salud (física y mental). Si se trata de un hijo, sobrino, hermana, que sepas que el apoyo familiar es esencial para el avance en la recuperación de este trastorno. No restes importancia porque sí la tiene. No se trata de inmadurez ni falta de cordura. Esa persona no es feliz y la está buscando de manera equivocada.
*PSICÓLOGA
tamaraconsulta@gmail.com