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Las estrellas también lloran – Por Tomás Cano

   

La reputación de un hombre se forja durante años y se destruye en un instante, y yo soy muy consciente de ello. El transporte aéreo, que he vivido muchos años muy de cerca, tan de cerca que muchas veces he malgastado mi reputación, en estos momentos está discurriendo por un camino árido. En 1987, en una conferencia que pronuncié ya vaticinaba todo lo que está pasando después de la desrregulación. Lo que manifesté no fue una inspiración, simplemente el reflejo de lo que publicaban los grandes expertos del sector. Las grandes son todavía más grandes y con un poder mundial, y las low cost son lo que ya todos sabemos. Las modestas son cada vez menores y el mayor problema en general que tienen, aparte del espacio limitado de operación, es la falta de vocación aeronáutica de sus propietarios. Pero no quisiera parecer melodramático. Hay empresas en el sector que son un ejemplo. Mención especial merece Vueling, donde hay un ambiente de trabajo magnífico. Salvo excepciones, que las hay como en todas partes, se crea empleo aunque sea temporal, pero sus auxiliares no son de “allende los mares”. El sector necesita de profesionales que no deben ser medidos por sus costes. Lo caro puede ser barato y lo barato muy caro. Qué les pasa a los empresarios actualmente, cuántas lágrimas por trabajos perdidos, hogares afligidos por el paro, muchas veces por la sinrazón de ellos. Tal vez los pilotos me entiendan mejor. Cuántos han tenido que emigrar, igual que TCPs, mecánicos y un largo etc. Al final hay quién me consta ha llorado solo y cree que de verdad lo está, pero se olvida de que las estrellas también presencian esta situación. Yo lo comprendo perfectamente porque he pasado por ese momento, cuando he sido acusado de tantas barbaridades, de gente sin escrúpulos. Muchas veces me pregunto ¿cuánto esfuerzo? Cuánto esfuerzo para que se note nuestra presencia en esta vida y a veces olvidamos que lo importante es que se note nuestra ausencia. Notamos y lamentamos la ausencia de muchos, que repartidos por el mundo intentan con ahínco arraigarse en paises extraños con escaso éxito, por falta de oportunidades en su país. En las empresas en general prevalece esta pregunta y respuesta: ¿Qué importan los demás? Los demás no son más que humanidad. Pero no puede faltarnos a todos la fe; la fe requiere de pasión, con ella se consigue lo posible y si la acompañamos de esperanza, esa fe es insuperable, esa fe hará que algún día tengamos de nuevo una presencia aeronáutica que todos merecemos. Estamos inmersos en un enredo de sentimientos, en el crepúsculo de los ídolos. Todo esto me produce un gran vacío en el alma, y solo entre las montañas y en noche oscura miro al cielo y me parece ver que las estrellas también lloran. Recordarles a los empresarios, que en la vida no vale hacer cosas para uno mismo o en provecho propio, porque al morir muere todo con nosotros, mientras que si hacemos cosas para los demás, cuando dejamos este mundo son inmortales.