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Fin de ciclo – Por Juan Hernández Bravo de Laguna

   

Hace tres años, en la convocatoria electoral andaluza de 2012, el Partido Popular y Javier Arenas, su candidato, rompieron el monopolio socialista y ganaron las elecciones por primera vez en aquella tierra. 50 escaños de 109 y más de un millón y medio de votos, que no fueron suficientes para alcanzar el poder porque el PSOE formó un Gobierno de perdedores con el apoyo de Izquierda Unida. En Canarias sabemos mucho de Gobiernos de perdedores. Pues bien, ahora, un año antes del final de la Legislatura, la presidenta Susana Díaz, con el pretexto de ganar estabilidad y librarse de las exigencias de su socios en el Ejecutivo, convocó elecciones anticipadas. Una decisión controvertida y arriesgada, a la que muchos analistas le auguraban el fracaso. Pero la presidenta ganó la apuesta. Y la ganó, sobre todo, porque logró infligirle una más que severa derrota a los populares y a su nuevo candidato, Juanma Moreno, al que Esperanza Aguirre, con su claridad y su contundencia habituales, le ha exigido que asuma sus responsabilidades en la derrota y dimita. Pasar de 50 a 33 escaños y perder más de medio millón de votos suponen un fiasco de proporciones gigantescas imposible de minimizar. Y un fiasco que todavía puede ser peor si supone un adelanto de lo que le espera a este partido en las próximas citas electorales.

Rajoy y algunos dirigentes populares han destacado que sus candidaturas ganaron o perdieron por márgenes estrechos en las grandes capitales y las ciudades más pobladas, es decir, en los ámbitos urbanos, mientras la victoria socialista se forjó en la Andalucía rural y profunda de la mano tendida y el voto a cambio de una subvención, una ayuda o un trabajo. Eso es verdad, y nos da una idea de las dimensiones del auténtico régimen político que los socialistas han erigido en tierras andaluzas. Ahí está, sin ir más lejos, la grabación de la conversación de Irene Sabalete, delegada de Empleo en Jaén en 2012, con los directores de los Consorcios de Empleo, conversación en la que les amenaza con el despido si los populares ganan las elecciones, y les insta a dejar de trabajar y a salir a la calle a hacer campaña a favor de las candidaturas socialistas. Presuntas amenazas y presunto tráfico de influencias se llama la figura. Sin embargo, no es menos cierto que ese régimen político ya existía cuando Javier Arenas lo derrotó. De modo que el Partido Popular parece haber pagado en Andalucía por su política nacional. Y eso que, por citar un caso, ganaron en Jaén con un discurso de recuperación económica, siendo la única provincia española en la que la destrucción de empleo y el paro han seguido creciendo. Es preocupante que la evidente corrupción institucionalizada socialista no haya afectado al PSOE en la medida en que cabría esperar, lo que significa que a muchos no les importa que roben con tal de que les llegue algo. En Canarias también sabemos de eso.

Podemos ha obtenido 15 escaños y unos seiscientos mil votos. Algunos analistas lo califican de fracaso, y afirman que no ha satisfecho las expectativas despertadas y ha alcanzado su techo electoral. Nos parecen análisis apresurados y débiles. Estos votos proceden de Izquierda Unida, que pierde casi la mitad de sus votos y más de la mitad de sus escaños; de la abstención y algo del socialismo, que, pese a su triunfo, ha perdido más de cien mil votos. Extrapolados a unas elecciones generales pueden suponer unos 30 o 40 escaños de diputado, lo cual son unos resultados más que significativos. Y, desde nuestro punto de vista, preocupantes.

El triunfador de las elecciones, junto con el PSOE, ha sido Ciudadanos, con 9 diputados y unos trescientos cincuenta mil votos. Se trata de una fuerza política con importantes y muy reales posibilidades de crecimiento futuro, y que tendría que sopesar muy cuidadosamente su política de pactos, por ejemplo en la investidura de Susana Díaz, para no convertirse en un mero -y típico- partido bisagra condenado a la minoría. Hace tiempo que se plantea su acercamiento a UPyD, derrotada en estas elecciones, pero la intransigencia de Rosa Díez, su autoritarismo y su cortedad de miras políticas han hecho fracasar el acuerdo y frustrado esas esperanzas. UPyD es un partido que parece condenado por su líder al fracaso y la marginalidad. Conscientes de eso, ya muchos están abandonando ese barco y pasándose a Ciudadanos. Se anuncian conversaciones de Susana Díaz con los líderes de Podemos y Ciudadanos. Como escribíamos el domingo pasado, será un buen momento para comprobar qué relaciones están dispuestos a mantener los socialistas con Podemos en el plano nacional y en otros escenarios electorales. En cuanto a Ciudadanos, insistimos en la extrema prudencia que han de guardar en su política de pactos para no dilapidar su previsible futuro.

La sociedad andaluza presenta una dinámica política y económica propia que hace muy arriesgado -o imposible- trasladar sus resultados electorales a otros ámbitos. Pero es evidente que sus recientes elecciones han inaugurado un ciclo político nuevo en España y han abierto la puerta a un futuro de incertidumbre. Un futuro en el que seguramente llegaremos a añorar los tiempos seguros de la Transición y la construcción de la actual democracia, ahora amenazada por la corrupción y el populismo.