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El gobierno del caos – Por Nazaret Díaz*

   

Candelaria lleva años sumida en el “gobierno del caos”. En concreto, desde el año 2001, cuando inició su mandato el Partido Socialista. Así, a lo largo de este tiempo, hemos visto cómo se ha ido implantando un modelo de gestión alejado de la realidad y basado en un escenario sesgado que no da respuesta a las verdaderas necesidades del municipio y de sus vecinos. Son tantos los ejemplos que podríamos citar, que sería imposible resumirlo en estas palabras, pero voy a intentar dibujar el escenario del desgobierno del Grupo Socialista.

Edificios que se inician y en los que se invierte dinero público pero que se quedan a la mitad, como es el caso de la plaza en El Balo en Las Cuevecitas, donde se tuvo que parar la obra porque el terreno era privado, o el caso del Centro de Día en el que se gastaron más de 300.000 euros sin tener la financiación completa ni subvención concedida para ello. Edificios que se terminan, como el CTCAN, pero están vacíos esperando la llegada del espíritu santo que haga un milagro y los resucite, para justificar el derroche de 4 millones de euros en nada. Remodelación de plazas entrañables, acogedoras, tradicionales, por otras modernas que chocan con el resto de la arquitectura de nuestras medianías.

El Gobierno socialista se ha ido olvidando por el camino de las personas. Lejos de realizar una política con auténtica vocación de servicio público, lejos de tener en cuenta la difícil coyuntura económica en la que nos encontramos, mientras se agotan los créditos para las ayudas de Servicios Sociales, la concejala responsable del área, Olivia, se sube su sueldo en plena crisis como si la política consistiera en sacar provecho propio.
Además, cuando empezó la crisis, mientras el resto de administraciones comenzaron a hacer la tarea, aplicando políticas de austeridad y control del gasto, en Candelaria se hacía todo lo contrario: derrochar sin parar en todo tipo de dispendios. ¿Se acuerdan de los pañales para perros? Otro ejemplo es el de los grandes conciertos que, por muy bien que estén, no pueden llegar a hipotecar al municipio como así ha sido.

Así, durante los peores años de la crisis económica, en Candelaria se han tenido que aplicar hasta tres planes de saneamiento y uno de ajuste de las cuentas para cumplir con la Ley Presupuestaria. Y al final son los vecinos quienes pagan las consecuencias viendo cómo recortan en servicios municipales.

En los últimos años, el nivel de endeudamiento ha sido escandaloso. En 2012 se situó en el 85% del presupuesto, y pese a que ahora hay resultados positivos, estos se tienen que destinar por ley a pagar la deuda contraída con Aqualia, Urbaser y otros proveedores.

Los disparates y desmanes continúan y los hay en todos los ámbitos. El escándalo de la casa del alcalde que, para salir del paso, se encargó al equipo redactor del PGO un informe aclaratorio, por supuesto a medida de lo que necesitaba el señor alcalde. ¿A cuántos vecinos que tienen informe negativo de la oficina técnica municipal se les encarga otro informe pagado por todos para contrarrestar otro informe anterior?

La dudosa financiación de la rehabilitación del Cine Viejo, en la que nadie sabe de dónde salió el dinero y en qué se gastó; el abandono de las playas, en particular de la zona de Las Caletillas, la falta de mantenimiento de los emisarios submarinos en los que sólo intervienen cuando ya están rotos; o la prórroga de Aqualia sin tener en cuenta las quejas vecinales por el servicio, son otros ejemplos.

Como digo, son sólo algunas pinceladas que esbozan la maraña del caos en el que nos ha sumido el modelo de gestión del Grupo Socialista. ¿Se merece esto un municipio como Candelaria que no acaba nunca de despuntar? Juzguen ustedes mismos.

*CANDIDATA DE CC A LA ALCALDÍA DE CANDELARIA