X
nombre y apellido >

Juan José Rodríguez – Por Luis Ortega

   

Ayer se cumplieron ochenta y cinco años de la inhumación de Pedro Pérez Díaz en el panteón familiar de Nicolás Salmerón, ubicado en el Cementerio Civil de Madrid. En el pasado febrero, visité el recinto en compañía de un colega almeriense que trabaja en una biografía del tercer presidente de la I República Española, para reparar el injusto olvido que pesa sobre un político de vasta cultura y sólidos principios. Por la cainita simetría en el trato de suegro y yerno, de vuelta en Tenerife, releí un valioso estudio de Juan José Rodríguez, distinguido con el premio de investigación Pérez Vidal y editado en 2012, con motivo del Centenario de la Ley de Cabildos y la constitución de la corporación palmera. Bajo el título Pedro Pérez Díaz y los Cabildos Insulares, el autor realizó una lúcida compilación de hechos personales, profesionales y políticos que dan luz a la saga de la familia mazuca y a la de su esposa Catalina Salmerón (1866-1943), aguerrida republicana y pionera del feminismo.

También y con amenidad que alivia la profusa documentación, nos ilustra sobre la mecánica del prestigioso Consejo de Estado, donde coincidió con juristas de todas las sensibilidades, entre ellos el propio Niceto Alcalá Zamora. Capítulo de especial interés es el referido a su apasionada integración en el Ateneo de Madrid, donde figuró en varias directivas, pronunció conferencias sobre el marxismo y los problemas sociales, presentó lecturas y autores -algunas tan accidentadas como la de El embrujado, de Valle Inclán que, por su enemistad con Pérez Galdós, se ganó su sonora reprimenda- y se manifestó con la elitista posición de quienes consideraron a la sociedad como el “segundo parlamento”. Sobre la desmemoria, la ingratitud y hasta el cainismo de los pueblos existen innumerables ejemplos y amplia literatura; faltan, sin embargo, trabajos rigurosos que nos presenten a los protagonistas del pasado, libres de prejuicios y tópicos, por encima de intereses de parte y de banderías -como es el caso que nos ocupa- y de gestos y hechos que nos ayuden a comprender nuestra historia para no repetir sus errores e inspirarnos en sus logros. En este caso, el texto de Juan José Rodríguez es un luminoso ejemplo para valorar en su justa medida el rol de nuestros cabildos como motores de desarrollo y de equilibrio territorial y el talento y el patriotismo de quien redactó un borrador con la naturaleza y mecánica de estas genuinas instituciones que, casi sin correcciones, convirtió en ley el presidente José Canalejas que, asesinado en noviembre de 2012, no vio el éxito de su iniciativa.