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Sin pelos en las teclas>

El lapso mentiroso – Por Cecilio Urgoiti

   

El complejo entramado que se ha configurado, al unir lo mediático, lo político, lo industrial y lo financiero, conforma una amenaza para la democracia y, por ende, para la vida en sociedad y la libertad. Todo este conglomerado podría presentarse, para mejor compresión de su término, como plutocracia, que es un autentico sistema de gobierno en la sombra, en el que el poder lo ostentan quienes poseen las fuentes de riqueza. Pero la cara no la dan, se esconden y son el verdadero poder, donde el acceso esta limitado a las élites de las élites. Ante la sociedad aparece una parte, que son peones que reciben órdenes que ejecutan y se les permiten determinadas licencias. No debemos confundir con la oligarquía que se ejerció en algunas clásicas ciudades-estado griegas o italianas. Esa explosiva mezcla de intereses obvia la manipulación en los recuentos electorales de procedencia decimonónica, que tomó el nombre popular de “turnismo”. Ahora se ejerce el fraude en la propia ley electoral con correctores que se le adhieren. Por ejemplo el sistema D’hondt, entre otros, garantizando hasta ahora el bipartidismo en nuestro país. Unido al sistema electoral y de manera increíble e inapelable esta la manipulación informativa. Cualquier medio vale, ya sea la prensa, la radio, la televisión, o redes sociales, todo tiene su aplicación en materia periodístico-noticiera para ir encajando las piezas del puzle. La generación de una credibilidad y la utilización de esa credibilidad, aunque de cara a la galería, surjan los defensores a ultranza que nos llevan al otro lugar donde esta la voz amable o el escrito con cuidadas palabras que justifiquen esta ley, ese impuesto o esa salida del hondo agujero en el que nos encontramos. Pero auténtica perla manipuladora la tenemos en la televisión. Un aparato con la propiedad de “audioverse”, palabreja -si me la permitís- que, tal como indica, “se ve y se oye a la vez”, con lo que te obliga a prestarle más atención que al resto de los artilugios electrónicos de oír. A partir de ahí en cualquier momento, no solo informativo, puede salir alguien diciendo lo que quiera y dándole credibilidad al mirarte a ti directamente a los ojos. Pero fíjate bien, ese que te mira a ti, lo está haciendo allá donde este conectada la misma emisora. Beneficia ese aparato de audiover. Estos días un grupo de periodistas de la CNN han denunciado que hay gobiernos que pagan a las TV con el objetivo de que les falsifiquen noticias. Estos días también se hacía esta pregunta Gervasio Sánchez, prestigioso reportero y periodista, en el transcurso de la entrega de un premio a su trayectoria: “¿Dónde estaban los periodistas especializados cuando personas sin escrúpulos se estaban enriqueciendo o asaltando las arcas del Estado?”. En ese mismo acto dijo también: “La prensa española está tan domesticada que ya no hay nada que se parezca al periodismo de investigación. Nos enteramos de la corrupción política y del desfalco bancario con años de retraso”. Esto es lo que se hace a diario, ocultar lo que pueda dañar la imagen, y ahora ha saltado parte de todo esto porque un segmento de una de las patas del sistema ha empezado a pedir su independencia. Ha empezado a revindicar esa necesaria separación de poderes como el más justo equilibrio de la vida en democracia. La corrupción ha llegado al tuétano del sistema. La mordaza que ahora se nos impone esta íntimamente relacionada con la exigencia del silencio que necesitan las clases políticas para lanzar sus mensajes de mentiroso bienestar.