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Luis Siret – Por Luis Ortega

   

Las Colecciones en Red del Ministerio de Educación Cultura y Deportes permiten acceder al legado de Luis Siret (1860-1934), capital para entender la prehistoria del Sur de España. Contratado después de su graduación, el ingeniero belga dirigió una obra que aseguró la supervivencia de un pueblo deprimido por la sequía y el hambre. La traída del agua potable a Cuevas de Almanzora le ganó el afecto de los vecinos -residió allí hasta su muerte- y posibilitó su ilusionada labor en el esclarecimiento del pasado de Almería. En 1905, y tras vencer duros obstáculos, sus hallazgos en Villaricos, Los Millares y El Argar fueron reconocidos por los círculos científicos y docentes, donó obras de arte fenicio a la Academia de la Historia. La falta de interés y medios motivó que piezas de las primeras excavaciones -hechas en paralelo con su actividad profesional, desde 1900 dirigió la Sociedad Minera de Almagrera)- fueran adquiridas por instituciones europeas y americanas, aunque la mayor cantidad de objetos y, sobre todo, los más valiosos, fueron cedidos al estado español en 1928, seis años antes de su muerte. En reparación de dolosos olvidos y reivindicación de su generosa dedicación al país, en 1956 se adquirieron, en ventajosas condiciones, sus cuadernos de excavación, dibujos, láminas, cartas, textos científicos e informes públicos -más de treinta y un mil documentos- y su rica biblioteca que, tras su catalogación y digitalización, están ahora a disposición de los eruditos y el público en general Considerado hoy “como pionero de la arqueología nacional”, investigador intuitivo y técnico sistemático, su claridad expositiva y su calidad como dibujante, sus brillantes servicios al conocimiento y difusión de la Iberia prerromana -sus publicaciones no se tradujeron hasta casi un siglo después de su redacción- se corresponden también con su coherencia e inusual generosidad. “Estos valiosos objetos los encontré en España y, en consecuencia, los ofrezco a España”. Así rechazó -según su biógrafo Juan Grima- cuantas ofertas le llegaron del extranjero para adquirir sus colecciones y jamás cedió a los halagos y honores ni a la poderosa tentación de los cheques en blanco.