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La magia de la participación – Por Ángela Mena

   

Hace años, muchos años, que vengo escribiendo la palabra Participación con letras mayúsculas, lo expreso así para trasmitir mi apuesta decidida por incorporar procesos de participación ciudadana a todos los proyectos que se impulsen desde las instituciones públicas. Y así lo vengo haciendo desde que tuve la oportunidad en el Ayuntamiento de La Laguna, como directora del gabinete de Alcaldía de Ana Oramas, de impulsar la creación de un importante número de centros ciudadanos para que pudieran desarrollarse múltiples proyectos de interés para la ciudad y la ciudadanía. De ello me siento tremendamente orgullosa. Ahí quedó consolidado un modelo y una forma de hacer las cosas. La Ley de Participación ciudadana canaria se sustenta sobre el Plan Director que tuve el honor de impulsar desde la Consejería de Justicia del Gobierno de Canarias.

Igualmente, tuve la oportunidad de crear en Santa Cruz, en el año 2007, el área de participación ciudadana, donde consolidamos una estructura para el futuro, con la estrecha colaboración de excelentes técnicos como Mari Carmen Rodríguez, Carlos Alonso , Paula García-Talavera y José Socas, así como el desarrollo de un conjunto de proyectos excepcionales. Una experiencia trascendental.

Pero reconozco no haber tenido el mismo éxito durante este mandato. La participación necesita inversión, y cualquier acción, aunque lo parezca, no es participación propiamente dicha. La participación ciudadana es un conjunto de acciones encaminadas a conseguir el consenso a través del debate, el debate como herramienta.

Mi querido compañero de gobierno, Alberto Bernabé, me ha dicho en alguna ocasión que el problema está en que no he sido capaz de seducir al equipo de gobierno. “Yo estoy fuera de mercado, Alberto, para seducir”, le respondí. La ironía y la broma son sanas y facilitan las relaciones humanas en momentos difíciles. Porque dificultades económicas no nos han faltado. Desarrollar proyectos participativos no es gratis, hay que invertir igual que se invierte en el asfaltado o en la mejora de infraestructuras informáticas. Y les aseguro, estimados lectores, que mejor nos iría a la sociedad si hubiera más inversión en procesos de participación que en rebacheo.

Mejor nos iría si dedicáramos más inversión en gestionar acuerdos con la ciudadanía que invertir tiempo en debates estériles aliándonos con los “menos enemigos”. Pero la troica es la troica. Mi testarudez me ha hecho buscar recursos externos, en otras administraciones, para cumplir los objetivos, y mi forma de concebir la manera de gobernar pasa por incorporar a los ciudadanos, a la toma de decisiones. Y ojo que no hablo de asamblearismo, las decisiones las toman los poderes elegidos, la diferencia está en hacerlo a espaldas o junto a la ciudadanía. Hacerlo así da mucho trabajo y muchos quebraderos de cabeza. Por eso me río de los peces de colores cuando oigo decir “las cosas hay que hacerlas de otra manera”, a todos aquellos que jamás, a pesar de estar en responsabilidades públicas, desde hace años, se han planteado contar con la gente. Escuchar no es apostar por la participación. No, no lo es. Escuchar no es suficiente. A pesar de no haber podido contar con la financiación ni el apoyo necesario, mi apuesta por la participación de las personas en los proyectos que han dependido de mí ha sido una realidad, en este mandato, lo tengo como lema, los proyectos que impulso llevan el sello de la participación. Sin apuesta política no se da la participación ciudadana, técnicos y ciudadanía son las otras dos patas que sustentan el proceso. Y esta forma de concebir la manera de gobernar, abierta y transparente, al lado de la ciudadanía, es la que me ha hecho actuar en la responsabilidad que tengo encomendada en VVMM, y concretamente en el proyecto de reposición de VV de la barriada de La Candelaria.

El proceso lo iniciamos en el año 2010. No ha sido fácil, pero sí ha sido un reto, un recorrido lleno de obstáculos, de zancadillas, de puenteos, de dificultades, de debate, de andar y desandar, de tejer y destejer. Ahora es una realidad que las familias de La Candelaria han diseñado sus viviendas. El arquitecto redactor del proyecto, Elías Medina; el director de Viviendas Municipales, Juan Ramón Beltrán; los técnicos Antonio Herrera, Chari Torres, Isabel Alcaraz, José Miguel Acirón y la técnica externa de participación Cristina Molina han sido capaces de dar respuesta a los deseos ciudadanos. Esos deseos, cubiertos en el 98%, se han materializado en un edificio armonioso, con un coste de mantenimiento mínimo, espacios abiertos y luminosos, pavimentos claros, estancias exteriores, zonas comunitarias y un largo etcétera. El resultado ha sido óptimo. Cuando los procesos participativos son reales, y sin intervención política, se produce un proceso autoeducador de consecuencias incalculables. Un grupo de población que participe, de esta manera, en la transformación de la ciudad, será capaz de comprometerse individual y colectivamente en beneficio de sí mismo y de la colectividad. Paulo Freire decía: “Nadie educa a nadie; nadie se educa solo, los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo”. Las instituciones públicas tenemos la obligación de facilitar estos procesos para que las personas se puedan autoeducar y descubrir formas de compromiso que les permita conquistar la ciudad. Conquistar la ciudad del deseo y aplicar ese carácter dialéctico que debe tener la propia ciudad, para comprometerse consigo mismo y con los demás. Comprometerse con el barrio, que también es ciudad, y establecer un horizonte de futuro que motive para actuar en el presente. Esta ha sido nuestra tarea en la barriada de La Candelaria, una apuesta política por la participación, un excelente trabajo técnico y un deseo de las personas que viven en esa barriada por cambiar y diseñar sus viviendas para vivir mejor. El resultado lo pueden contar ellos mismos, unos y otros. Yo me lo creía, ellos ahora también.

Las familias se sienten orgullosas de lo que han conseguido, se han empoderado. Estoy segurísima de que ahora tras la experiencia vivida van a ejercer su derecho de ciudadanía, se implicarán mucho más y pedirán que se cuente con su participación en lo sucesivo. De eso se trata, de evitar paternalismos políticos baratos, y actuar para afrontar los problemas y formar parte de las decisiones. Reconozco que esta forma de trabajar no es fácil y que a muchos responsables públicos les da mucho miedo el conflicto -a mí me encanta trabajar así, para mí es un reto y una oportunidad de autoeducación ciudadana-, pero no concibo la gestión política de otra manera que no sea junto a las personas. El resultado es evidente, la magia de la participación aparece, el orgullo y la satisfacción que se genera tras haber invertido horas y horas trabajando por conseguir el bienestar de las personas no es calculable. Así ha sido y así lo expreso. Un grupo de 10 personas, representantes de otros tantos bloques, han movilizado al resto de propietarios de La Barriada de la Candelaria para formar parte de un equipo de trabajo que tenía como fin el diseño de sus viviendas, son 115 propietarios. Hoy están felices por haber puesto un granito de arena en la transformación urbana de Santa Cruz, al lado de la Institución y de un equipo técnico que les ha hecho experimentar la magia de ceder para ganar. Yo también estoy feliz de verles felices y por haber sido capaz de seducir a los técnicos de viviendas municipales para incorporar la participación en un proyecto tan complejo como hermoso. Gracias por tanto esfuerzo.

Hoy, conseguido el primer objetivo, iniciamos la segunda parte del proceso, “debatir y elegir compromisos para convivir mejor”. Enhorabuena. Hasta la próxima…

*Concejal de Vivienda del Ayuntamiento de Santa Cruz