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“Me sacrifiqué por todos”

   

Canarias Gráfica Cáncer (7 de 7)

SYLVIA MADERO/FOTO:PATRI CÁMPORA

Hablar de Hilda es conocer a alguien que va al baño a retocarse el maquillaje y acaba contándole su vida a una desconocida y haciéndose su amiga tras 45 minutos de charla. O quien va a un restaurante a cenar y ayuda a la camarera a recoger los platos (durante la sesión de fotos no hubo quien la convenciera de pasar el escobillón para recoger los confeti que usamos). No para. Conocerla es una mezcla de emociones, porque lo mismo te saca una carcajada que te desgarra por dentro contando su historia. Es un huracán, un torbellino de palabras que abruma y, a la vez, llena tanto que te deja sin habla.

La historia de Hilda es tan increíble como ella misma. Con 43 años y 24 semanas de embarazo (casi 5 meses) su hermano Richard, al que estaba tremendamente unida, se quita la vida, suponiendo un golpe durísimo para la familia: “la decisión que tomó mi hermano nos mató a todos. No entiendo cómo no vio más salida y no pensó en cómo nos dejaba”, cuenta aguantando las lágrimas. Una semana después, aun sin empezar a digerir lo ocurrido, nota un bulto del tamaño de una lentejita debajo del pezón izquierdo. Inmediatamente algo le dice que es cáncer y se le viene el mundo encima. Pero decide callar, para evitar más dolor a su familia y a ella misma y sobre todo por su hijo, un niño muy esperado y el único motivo que les haría felices en esos momentos tan duros. “Me dicen que hice el acto de amor más bonito del mundo, me sacrifiqué por todos”. A las 35 semanas de embarazo, cuando su bebé ya no corría peligro, se deja analizar por su médico para confirmar lo que ya sabía. El 6 de enero ingresa para que le provoquen el parto negándose a que le hagan cesárea: “soy una cabezota, quería dar a luz de forma natural”. Y así fue, tras dos días de parto, agotada física y psicológicamente y con solo unas horas para estar con el pequeño, la llevan a quirófano. “Quisieron trasladarme en silla de ruedas, ¡como si estuviera enferma!, les dije que no y fui caminando y con mis labios pintados de rojo”. En la intervención descubren que, además, tiene otro tumor en el pecho derecho y metástasis. Ahora, este mes de marzo, la operarán para extirpárselo, además de la matriz y los ovarios y prevenir el desarrollo de más tumores.

Los que tiene Hilda son de alto contenido en estrógenos y eso, unido al tiempo de espera que decidió tomar para proteger a su hijo, provocó que tuviera metástasis en la zona linfática. Por ello, su tratamiento de quimioterapia fue más agresivo de lo normal. Hilda cuenta que llegó a sentir que “me estaba muriendo y nadie podía hacer nada por mí. Hubo un momento que estuve ocho días en la cama sin poder levantarme, y me miraba en el espejo para no reconocerme. Mi fortaleza ahí no sirvió para nada”. Reconoce que han sido los días más duros ya que temió por sus padres: “me mató que me vieran así, no asociaban el sufrimiento al tratamiento, sino que pensaban que perdían otra hija”. Pero si algo define a Hilda es su fortaleza y capacidad para plantarle cara a los problemas; su actitud ha sido fundamental para soportar lo que la vida le ha dado en este último año y medio. Ella es así. Fuerte y sensible a la vez, guerrera hasta la médula y, sin embargo, le abruma que ya le esté creciendo el pelo “porque me veo rara tan poco calva”. Utiliza su página de Facebook Sácale una sonrisa al cáncer (actualmente con más de 12.000 seguidores) como medio para desahogarse y contar cómo es vivir con esta enfermedad. “En el hospital me dijeron que la gente tenía que conocerme y saber cómo enfrentaba el cáncer con tanto optimismo y positividad, así que me animé a hacerlo. En mi página, lo mismo subo una foto mía disfrazada que un vídeo llorando”. No solo es terapéutico para ella, sino que ayuda a miles de seguidores que le piden consejo o le cuentan su experiencia con esta enfermedad: “no sabes lo que reconforta saber que ayudas a alguien que está pasando por lo mismo que tú, algunos incluso me han dado las gracias solo por haberme conocido”. Ahora, muchos se unen a su iniciativa solidaria Tira de la cadena por el cáncer, en la que se fotografían en el baño tirando de la cisterna, porque, como dice Hilda, “tiro de la cadena para que la mierda del cáncer desaparezca”.