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¡Mírame a los ojos!

   
Carolina Darias (difuminada) y Gustavo Matos (desafiante). / FRAN PALLERO Casimiro Curbelo en la presentación de ASG. / DA La portavoz del Grupo Popular, Australia Navarro, hace una observación al presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero. / SERGIO MÉNDEZ
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La portavoz del Grupo Popular, Australia Navarro, hace una observación al presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero. / SERGIO MÉNDEZ

DOMINGO NEGRÍN MORENO | Santa Cruz de Tenerife

La procesión va por dentro. El cirio que se ha encendido es incienciario, no incendiario, y la penitencia se hace a escondidas. El calvario electoral lo simboliza la crucifixión ante las sedes de los partidos por un puesto en las listas durante el año jubilar.

En el PP, la guerra de nervios se recrudeció cuando Australia Navarro de Paz fue designada candidata a la presidencia del Gobierno canario. A María del Carmen Hernández Bento y Asier Antona tuvieron que llevárselos en camilla y ponerles comillas dobles de oraciones declarativas. Antes de que el comité electoral regional elevara su propuesta al nacional para su ratificación, se había abierto un paréntesis con puntos suspensivos y el gramaturgo José Manuel Soria transformó la frase interrogativa en una exclamativa. El pensamiento lógico-matemático reduce los acertijos a números primos, que solo se pueden dividir por sí mismos y por uno.

La resolución de la conjetura sobre las papeletas estaba próxima, hasta que el ministro de Industria y Energía bajó la palanca para, a oscuras, alumbrar una brillante idea: Mercedes Roldós al Cabildo de Gran Canaria y Australia Navarro a Nueva Zelanda. En Tenerife, Manuel Domínguez se desdobla: del Ayuntamiento de Los Realejos a la Corporación insular. ¡Bravo!, y Antonio Alarcó ¿a La Laguna? O al Parlamento, sin que sean excluyentes. ¿Y el Senado?, se pregunta la gente. Esa materia no entra en el examen. A Juan José Cardona le mola mogollón repetir como alcalde de Las Palmas de Gran Canaria y Cristina Tavío intentará la hazaña de limpiar el barro de Santa Cruz.

Después de que corrieran ríos de tinta que no llevaban a ningún lado, Mariano Rajoy supervisó las inundaciones del Ebro. Recogió cubos de lágrimas, de alegría o de tristeza. Los jarros de agua frío están de oferta en el PSOE. Estos días se suceden las asambleas para, además de completar la nómina de aspirantes a las instituciones locales, presentar propuestas a los cabildos y al Legislativo. Patricia Hernández está volcada en la precampaña del 24M, pero son incómodas las contrariedades. En Gran Canaria se consolida Carolina Darias, la preferida de José Miguel Pérez, y en Tenerife pretende ir de segundo Gustavo Matos. Sería curioso que los tres participantes en las primarias compartieran encuadre en la Cámara autonómica. De entrada, preocupa que la salida de Casimiro Curbelo colapse las salas de espera de las consultas de psicopolítica. El sempiterno presidente del Cabildo de La Gomera expande su ardor rupturista con esta soflama: “Hoy [el viernes], muchos ciudadanos canarios están observando lo que ocurre en la isla, y no es casual. Que no se equivoquen, la AGS es un proyecto que estamos construyendo entre todos. No soy solo yo”.

A las causas judiciales que acumulaba, Curbelo suma la acusación de “estafa” que le endosa la ejecutiva del PSOE por quedarse con el acta de consejero. Ni caso. Si funda un bufete de abogados del diablo se forra, porque fuera hace pelete. Por ahí hay gente de su condición dispuesta a confluir en una asociación, con esta denominación de origen: Agrupación de Socialistas Imputados (ASI). Por razones de otro tipo desterraron a Santiago Pérez, que se dejó convencer por Román Rodríguez para contribuir a “reorientar un modelo fracasado”.

El pacto PSOE-CC se frustró en Lanzarote, lo que es interpretado como la consecuencia de una provocación de los afines a Fernando Clavijo al objeto de facilitar el acuerdo con el PP. Es lo que ha venido advirtiendo Paulino Rivero desde que perdió la disputa hegemónica. Al candidato de Coalición Canaria le aconseja que no se deje camelar por Soria. En la trifulca, Clavijo sugiere la creación de una Dirección General de Discapacidad.