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‘Round midnight’ – Por César Martín

   

Se apagó la ciudad de ruidos inservibles, material de desecho diario, frecuencias que no aportan nada a la existencia. A estas horas de la noche solo queda el sonido del viejo reproductor de vinilos y la lluvia, que regresó con frío para recordarnos que no es tiempo de quitar el sayo, que aún quedan algunos días de invierno antes de la soñada primavera. Apuro un tinto de esos que se abren a mitad de la semana para serenar los ánimos agitados de tanto estrés. De fondo suena ese viejo disco de clásicos del jazz, temas de antaño que el aguacero acompaña como la mejor de las orquestas. Entretanto miro por la ventana, intentando clavar la vista en un horizonte oscuro. En mi silencio interior convergen preguntas y pocas respuestas certeras; beneficios de una duda vital constante, podría ser. Lo que sí está claro es que me preocupa si todavía, como reza el título de aquella película de Hollywood, existen Algunos hombres buenos. No las tengo todas conmigo. Encuentro muchas razones para pensar que ya quedan pocos. La honradez está en desuso, como el lenguaje, donde las palabras se prostituyen a costa de una maltratada semántica presa del eufemismo barato. El bien es relativo, pues normalmente priman los intereses particulares y luego, si queda espacio, ya veremos. La educación es eso que, como el sentido común, se presupone que todo el mundo tiene y ya no esperamos que nos devuelvan una llamada, un correo electrónico o un nimio wasap. De empatizar ni hablemos, porque ponerse en la piel del otro, y más si es del que sufre, no entra dentro de lo posible. No es que haya dejado de creer en la humanidad en esta madrugada invernal, el frío no ha calado tanto como para eso. Sólo es esta sensación de la acampante golfería, la sinrazón de los que llevan años transmitiendo que todo vale. Creo que es el momento de que los buenos salgan a la luz y devuelvan la esperanza a quien ya la perdió, porque me resisto a pensar que todavía no se puede confiar. Seremos como Blanche en Un tranvía llamado deseo, sin importarnos quien sea el otro, porque siempre habremos creído en la bondad de los desconocidos.

@cesarmg78