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La Venezuela despojada – Por Rafa Lutzardo

   

¡Cuántas lágrimas derramadas por los ojos de cientos de emigrantes canarios que se quedaron en Venezuela y otros que volvieron a la tierra que les vieron nacer! ¡Cuánto dolor e impotencia de miles de criollos ante la actual situación por la que atraviesa el país caribeño! Venezuela se marchita en el tiempo, en el presente. Venezuela es dolor, tristeza, miedo y desesperación. Los que se quedaron están sufriendo la embestida de la dictadura del chavismo, la cual no vacila a la hora de matar a todas aquellas personas que se manifiesten en contra de su ideología, principios y forma de regir el país. Los que vinieron, dicen sentirse triste porque no es la Venezuela que ellos conocieron en otra época. Para el Gobierno de Nicolás Maduro no existe edad a la hora de matar a sangre fría. Kluiver Roa, el adolescente de 14 años asesinado por uno de los policías del Gobierno de Nicolás Maduro, pagó caro su grito a la libertad y a los Derechos Humanos. Venezuela está a punto de arder por los cuatro costados como ya lo hicieran en otra época Roma y Troya. Los ojos del mundo están pendientes de los acontecimientos que actualmente envuelven a la Octava Isla, pero nadie parece recordar que en otra época Venezuela dio cobijo y oportunidades a muchos emigrantes de muchos lugares de mundo, especialmente a aquellos canarios que tuvieron que salir tras la Guerra Civil española coronada por una dictadura de asesinatos, persecuciones, torturas, miserias y hambre, pero sin olvidar aquella Argentina, gobernada por Juan Domingo Perón, que resultó decisiva para enfrentarse al hambre en España, una vez concluida la Guerra Civil española. Venezuela es una bomba de relojería, donde en cualquier momento de los cerros que la rodean cubiertos de ranchos disfrazados de zinc o cartón piedra utilizados como techos, así como ladrillos huecos, unidos con cementos y expuestos a la intemperie que sirven como muros, bajarán los más pobres, los excluidos de la sociedad caraqueña, para enfrentarse al Gobierno de Maduro y el propio Ejército. La reciente detención del alcalde mayor de Caracas, Antonio Ledezma, unida a la del opositor, Leopoldo López, las torturas en las comisarías; la escasez de alimentos, la censura a la libertad de expresión y comunicación, la gran inseguridad, las miles de muertes por asesinatos, la corrupción entre bandas, políticos, justicia, funcionarios del Gobierno y la caída del bolívar aceleran un intento de golpe de estado, la intervención de EE.UU. o una guerra civil entre propios hermanos.