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64 días – Por Francisco Chavanel

A mediados de mayo de 2014 escribí en un artículo de opinión, y comenté a mis oyentes, que en juzgado de La Laguna descansaba un caso a la espera de ser resucitado por el juez César Romero Pamparacuatro. Precisé que eso sucedería de forma inevitable si Fernando Clavijo le ganaba a Paulino Rivero las elecciones internas por la candidatura a la Presidencia. Nunca creí que Rivero estuviera detrás de la conspiración ni tampoco lo creo ahora; para mí el enlace con Pamparacuatro lo tenían determinadas autoridades socialistas, igual que había sucedido con la explosión del caso Unión en Lanzarote.

Como carezco de cualquier habilidad para la profecía, y no hay dios en este planeta que me haya concedido la gracia de ser oráculo, hay que dar por buenas mis fuentes informativas, las cuales conocían al detalle ciertas debilidades en un caso que dormitaba en el cajón de la mesa de un despacho desde el verano de 2012.
El núcleo central de la querella presentada por el empresario lagunero, Evaristo González contra Pamparacuatro reside en la figura del retardo malicioso, una forma de prevaricación. A eso se le añaden infidelidad en la custodia de documentos, y falsificación de documento público… Estas dos figuras me resultan familiares por aparecer de manera dominante en el caso Unión en repetidas ocasiones.

El retardo malicioso lo explica mejor que nadie el propio Pamparacuatro en el auto de las cuatro imputaciones a Clavijo, y que ahora están a punto de quedarse en nada después de la precisa intervención de la fiscal María Farnés. Se refiere al famoso escáner, a la ausencia según el juez de un escáner que le retrasó durante dos años la instrucción y que le impidió que los principales encartados conocieran con antelación el auto. Hará quince días Francisco Hernández Spínola, socialista de la rama seria, consejero de la Presidencia del actual Ejecutivo, con atribuciones en Justicia, aclaró con contundencia este asunto.

Pamparacuatro siempre dispuso de un escáner en los juzgados Santa Cruz de Tenerife. Bastaba con enviar un propio para que hiciese las copias necesarias y, acto seguido, entregar el sumario a los presuntos imputados. Es más: ante la petición del juez la Consejería de la Presidencia colocó un escáner en el juzgado de Instrucción número 1 de La Laguna que, desde luego, tampoco fue utilizado por Pamparacuatro. El aparato estuvo 64 días esperando por él.

De modo que no será fácil que el juez convenza fehaciente y diligentemente al Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) que dentro de unos días tendrá que escucharlo en calidad de imputado, lo contrario de lo que presumen sus acólitos, los cuales, por cierto, han persuadido en redacciones y en periódicos varios de que la línea a seguir era la del asesinato de imagen de Clavijo, ya que este juez, poco menos, era infalible. De ahí el espanto y el ridículo de unos cuantos generales emboscados que apostaron porque Clavijo no llegaría “vivo” a las elecciones de mayo.