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La amenaza verde

Los cañaverales taponan el cauce de los barrancos y propagan los incendios a gran velocidad. | DA
Los cañaverales taponan el cauce de los barrancos y propagan los incendios a gran velocidad. | DA

JOSÉ LUIS CÁMARA | Santa Cruz de Tenerife

Pese a que pasan desapercibidas para la mayoría, en los últimos años se han convertido en una de las mayores amenazas medioambientales que afectan al Archipiélago. Se trata de las denominadas plantas exóticas, aquellas que no se encuentran de modo natural en un determinado territorio, habiendo sido introducidas voluntaria o involuntariamente por la actividad humana.

El uso de muchas de estas plantas exóticas no reviste riesgos para el medio ambiente en Canarias, e incluso son utilizadas habitualmente en sectores como el de la agricultura, la silvicultura, la horticultura, etc. Sin embargo, se estima que entre un 10 y un 15% de ellas que logran establecerse en el medio natural y seminatural acabarán convirtiéndose en invasoras, lo que constituye una amenaza real para la biodiversidad, la salud o la economía isleña.

En concreto, según datos facilitados a este periódico por el Servicio de Biodiversidad de la Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno canario, se han detectado en el Archipiélago 90 plantas exóticas invasoras que pueden alterar los ecosistemas y los procesos ecológicos que los sustentan, afectar negativamente a la flora y la fauna nativas e incluso pueden alterar la singularidad y pureza genética de las especies autóctonas. Muchas de ellas causan graves daños en la agricultura de las Islas, siendo malas hierbas en cultivos o portando plagas y enfermedades. También pueden ser dañinas para la salud (provocando alergias y envenenamientos), ser tóxicas para el ganado o provocar costosos daños en infraestructuras públicas y privadas.

Las piteras, la plaga que llegó de América. El rabogato se usaba con fin ornamental El helecho acebo, la colonia más dañina La calidez del clima favorece la cholla Un farolillo que asfixia a otras especies La orejagato, un peligro en Garajonay
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Las piteras, la plaga que llegó de América.

Entre las más peligrosas están la caña común (Arundo donax), que tapiza los barrancos y cuencas húmedas impidiendo el crecimiento de la flora autóctona. Se considera la mayor responsable del retroceso del sauce canario, cada vez más raro de encontrar en la región. Los cañaverales taponan el cauce de los barrancos y propagan los incendios a gran velocidad. Son además capaces de regenerarse tras el fuego.

Otra de las amenazas más complejas es la pitera (Agave spp), que se introdujo inicialmente desde Centroamérica para la extracción de fibras, pero también se ha usado para la demarcación de fincas y como ornamento. Se encuentran muy extendidas en el paisaje isleño y su control resulta muy complicado, debido al profundo anclaje de su raíz en el terreno.

Algo similar ocurre con el llamado rabogato (Pennisetum setaceum), que se propaga rápidamente por los márgenes de carreteras desde donde paulatinamente ocupa terrenos aledaños. Esta gramínea de origen africano, que se introdujo con fines ornamentales en la isla de Gran Canaria hace unos 70 años, se encuentra tan extendida que ocupa más territorio en el Archipiélago que algunas formaciones vegetales exclusivas de las Islas y protegidas por la propia Unión Europea (UE), como es el caso de los palmerales endémicos.

Y es que las islas, sobre todo las de pequeñas dimensiones, son ecosistemas geográfica y evolutivamente aislados, por lo que su flora y su fauna, que suele ser más reciente, ha evolucionado sin la necesidad de desarrollar mecanismos de defensa que les permitan hacer frente al comportamiento agresivo que caracteriza a especies exóticas invasoras procedentes de otros lugares del planeta.

“Canarias cuenta además, con una gran cantidad de hábitats de acogida diferentes y con una climatología benigna, lo que provoca que el abanico de especies que pueden establecerse y proliferar en el Archipiélago sea enorme. Los riesgos que dichas especies representan se pueden intensificar debido al aumento del comercio global, el transporte, el turismo y el cambio climático”, explican al DIARIO desde el Servicio de Biodiversidad, donde recuerdan que la mayoría han sido introducidas voluntariamente para la jardinería, la silvicultura o para otros usos agrícolas y aprovechamientos humanos”.

El control de la pitera resulta muy difícil debido al profundo anclaje de su raíz. | DA
El control de la pitera resulta muy difícil debido al profundo anclaje de su raíz. | DA

Por ello, desde la Viceconsejería de Medio Ambiente reconocen que “resulta complicado que la ciudadanía, e incluso la propia Administración, se sensibilice con la peligrosidad real de estas plantas, ya que muchas de ellas resultan atractivas visualmente”. “Algunas plantas invasoras están tan arraigadas en el paisaje isleño que se tiende a pensar que son especies nativas del Archipiélago, sin embargo, pueden proceder de lugares recónditos del planeta. Unas cuantas de ellas han logrado desplazar a nuestra flora en apenas unas decenas de años”, subrayan las mismas fuentes.

Para combatir estas amenazas, el Parlamento europeo aprobó en octubre de 2014 un nuevo reglamento sobre la prevención y la gestión de la introducción y propagación de especies exóticas invasoras. Dicha normativa facilitará la coordinación en el ámbito europeo y entre los estados miembros, a favor de la lucha contra las especies exóticas invasoras consideradas preocupantes para la UE, y permitirá a Canarias elaborar su propio listado. Hasta ahora, el Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto, por el que se regula el Catálogo español de especies exóticas invasoras, incluía en un anexo para Canarias un total de 9 algas y 62 especies de la flora potencialmente peligrosas. Esta cifra, no obstante, es previsible que se amplíe para las Islas a más de 90 especies vegetales, cuando se termine de elaborar la futura lista de especies potencialmente invasoras en España.

“Pueden pasar años hasta detectar que una planta introducida se convierte en invasora. Sin embargo, en la actualidad existen procedimientos predictivos, los denominados análisis de riesgos, para tratar de de conocer de antemano ese posible comportamiento”, exponen desde el Servicio de Biodiversidad de la Viceconsejería, donde inciden en que “estos análisis se basan tanto en las características intrínsecas de la especie en concreto, como en las del ecosistema receptor, comparándolo con las de aquellas otras regiones del mundo donde la especie se hubiera podido convertir en invasora”. De este modo, “pueden adoptarse con antelación las medidas oportunas para anular o minimizar los posibles efectos negativos que pudieran producirse”.

La Policía Canaria lleva a cabo inspecciones periódicas en los viveros y tiendas que venden plantas ornamentales. | DA
La Policía Canaria lleva a cabo inspecciones periódicas en los viveros y tiendas que venden plantas ornamentales. | DA
Inspecciones y control policial
Se calcula que en los últimos 20 años las especies exóticas invasoras le han costado a la UE al menos 12.000 millones de euros anuales, una cifra que no deja de crecer. “Cuando no se actúa sobre ellas inmediatamente, los costos de su erradicación crecen exponencialmente, sin que además el éxito de su gestión esté garantizado”, explican desde la Viceconsejería de Medio Ambiente. Así, para controlar la introducción, tenencia, tráfico y comercio de estas plantas, además de cualquier actuación destinada a su fomento, la Policía Canaria lleva a cabo inspecciones periódicas en los viveros y tiendas que venden plantas ornamentales, y realiza seguimiento de la oferta en Internet. En estas tareas cuentan con el apoyo y asesoramiento de la Dirección General de Protección de la Naturaleza. “La erradicación y control de las especies exóticas invasoras requiere de un altísimo gasto económico una vez que ya se han establecido, por lo que prevenir su introducción es la mejor estrategia”.