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Un debate frustrado

Alegre (i). Martinón (c) y Capafons (d) dibujaron qué universidad quieren ante cerca de 200 personas. /  E.S.
Alegre (i). Martinón (c) y Capafons (d) dibujaron qué universidad quieren ante cerca de 200 personas. / E.S.

SARAY ENCINOSO | La Laguna

Los tres empezaron dando las gracias por la celebración del debate, pero lo que ocurrió después se pareció muy poco a un espacio de discusión o diálogo. Los catedráticos que optan dirigir el Rectorado de la Universidad de La Laguna, Olga María Alegre, Juan Capafons y Antonio Martinón, acudieron ayer al llamamiento de la asociación Alumni para dialogar sobre el modelo de universidad que proponen. Durante más de dos horas, sin embargo, se limitaron a contestar a las preguntas seleccionadas por la organización, en riguroso orden y con los tiempos bien definidos, y la posibilidad de replicar quedó totalmente anulada. Hubo tiempo para las criticas, a veces más veladas y otras menas, entre los interlocutores y, también, para las quejas entre el público ante supuestas preguntas “amañadas”.

El encuentro, que duró más de dos horas y se celebró en la Facultad de Periodismo, se articuló en un cuatro bloques temáticos compuestos por varias preguntas. Se habló del servicio de inspección universitaria, de la búsqueda de estabilidad de la financiación pública, del mecenazgo, de la desigualdad en la carga docente, de la asignación de plazas, del régimen de permanencia del estudiantado y, por supuesto, de la fusión de centros que acometió el rector Eduardo Doménech y su equipo. Esta última medida ha sido una de las más polémicas que ha tomado el actual equipo de gobierno. Los candidatos no se andaron por las ramas: Martinón y Capafons contestaron con claridad que estaban a favor de revisar esa medida a pesar del desbarajuste que puede ocasionar el retroceso, pero siempre y cuando las juntas de facultad argumentaran la necesidad de ello. Alegre fue la única que defendió la fusión de centros, que, subrayó, ha supuesto “un ahorro de 400.000 euros” y “ha ayudado a evitar despidos”. Estos criterios economicistas, sin embargo, no convencieron ni a Capafons ni a Martinón -alguno pidió los datos de la Gerencia- y, además, pusieron sobre la mesa los efectos colaterales de unir a facultades que se ubican en campus diferentes. En lo que estuvieron de acuerdo los tres es en que es necesaria la estabilidad presupuestaria y en que hay que vender mejor la Universidad para que empresas e instituciones se acerquen más. Martinón, aunque no le gusta la palabra, habló de marketing, Capafons ensalzó la figura de los exalumnos como embajadores y Alegre detalló algunas de las claves de su plan de comunicación externo.

Aunque los tres coincidieron en varios de sus diagnósticos universitarios, probablemente el más tajante en sus posicionamientos fue Martinón. Empezó su presentación quejándose de la “arrancada de carteles” y de las prácticas poco nobles en la campaña y acabó poniendo orden cuando Alegre hizo algunas insinuaciones sobre los, a su juicio, intereses de su excompañero de grupo claustral, Capafons, para no criticar la gestión de la Fundación General de la ULL. “Basta ya de insidias, si hablas de alguien di su nombre, di que es Juan Capafons. A esto me refiero cuando hablo de que hay que guardar las formas. A fin de cuentas, la Universidad tiene que dar ejemplo”. Capafons no entró en la discusión y se limitó a defender su programa.