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Una derrota peligrosa

Dani Hernández tuvo que emplearse a fondo en varias ocasiones. / LINO GONZÁLEZ
Dani Hernández tuvo que emplearse a fondo en varias ocasiones. / LINO GONZÁLEZ

ÓSCAR HERRERA | Santa Cruz de Tenerife

Paso atrás del CD Tenerife que dejó en Vitoria la racha de ocho partidos sin perder y ahora se queda con otra de tres sin vencer, tras los últimos resultados ante Barcelona B, Zaragoza y Alavés, y que suponen solo tres de los últimos nueve puntos en juego. Ayer en Mendizorroza, la derrota se debe asumir como justa, a pesar de que Raúl Agné no lo viera así en sala de prensa. Un Tenerife espeso, plano y escasamente productivo en ataque para lo que venía haciendo en choques anteriores.

De hecho, hasta ahora los blanquiazules solo habían dejado de marcar en el duelo ante el Girona en la era Agné, habiendo anotado en todos los partidos fuera de casa, por lo que además se rompe una serie de cuatro empates consecutivos a domicilio. De paso, con esta derrota, el cuadro tinerfeño sigue arrastrando ese déficit de no ganar fuera de casa desde el 3 de noviembre.

Ante el Alavés, y sabiendo de antemano de las bajas de dos titulares indiscutibles como Diego Ifrán y Vitolo, se esperaba con incertidumbre la apuesta que haría el entrenador blanquiazul, quien sorprendió a todos con la inclusión de un trivote dando entrada a Ricardo, quien llevaba casi tres meses sin jugar, junto a Aitor Sanz y Cristo Díaz como mediocentros, eso sí, con el de Ravelo algo más escorado a la izquierda. De resto, la puesta en escena se completó con Aridane Santana jugando de delantero retrasado, dejando a Maxi Pérez como punta con su habitual movilidad y en busca de situaciones de ventaja a la espalda de los zagueros locales.

Pero la cosa no salió como se esperaba, y Aridane pasó inadvertido los 70 minutos que estuvo en el campo, limitando su paso por el partido a varios intentos fallidos de remate.

Pero los problemas de ataque del CD Tenerife ayer en Vitoria no vinieron por Aridane o Maxi, sino porque el equipo no alimentó a sus referentes ofensivos salvo en contadas ocasiones, especialmente en la recta final del partido, ya con Juan Carlos Real sobre el césped de Mendizorroza. Así y todo, el partido empezó con un susto antes de cumplirse el primer minuto, con un pasillo que encontró el lateral zurdo del equipo vasco por su banda, poniendo un centro medido a la cabeza del serbio Ranko Despotovic que envió desviado a la izquierda del portero Dani Hernández.
Antes del minuto 10, el equipo de Agné tuvo una llegada muy parecida, con una internada marca de la casa de Suso Santana que acertó a golpear de cabeza Unai Albizua, también fuera del marco alavesista pero atisbando que podría ser un Tenerife con peligro el que se iba a ver en Vitoria, y que solo fue un espejismo porque no volvió a crear peligro sobre la meta de un tranquilo Iñaki Goitia hasta bien entrada la segunda parte. Pero el Alavés, algo más dispuesto, tampoco encontraba el camino para inquietar a Dani, y no fue hasta el minuto 30 cuando hizo el primer disparo entre los tres palos de la portería insular.

Mientras, el cuadro tinerfeño se iba pareciendo más a aquel errático equipo que de la mano de Álvaro Cervera se mostraba inofensivo fuera de casa. Suso aparecía a cuenta gotas, y ni Ricardo ni Cristo Díaz eran capaces de encontrar la brújula de juego que diese sentido a algo de creación en un Tenerife desdibujado y apático. La primera parte se iba apagando entre bostezos que solo evitaba el jugador más desequilibrante de los 22 que habitaban el partido, un Manu Lanzarote que demostró su categoría en todos los balones que pasaban por él, y que a la postre resultaría decisivo en el resultado final.
Gol de ‘crack’
Así lo demostró el ex del Espanyol en el minuto 44, cuando se encontró un balón escorado a la derecha y tras hacer dos amagos a Raúl Cámara, enfiló el vértice del área para soltar un zurdazo que limpió las telas de araña de la escuadra de Dani Hernández ante un remate inapelable al fondo de la portería. Gol al filo del descanso, que castigaba la racanería y la frialdad del conjunto de Raúl Agné, ayer menos fiero que en tardes anteriores.

El descanso poco varió la decoración para los visitantes, y el Tenerife arrancó la segunda mitad más o menos igual, con el Alavés atrincherándose atrás para intentar cazar a la contra a su rival, que quería pero no podía. Diez minutos tardó entonces el míster blanquiazul en mover ficha, y darle entrada al partido a Juan Carlos con el objetivo de darle claridad al juego de ataque y aportar algo de último pase a Maxi o Aridane. Y le bastó un minuto en el campo para meter un balón entre líneas al uruguayo, quien no llegó por poco a controlar una pelota envenenada. Poco después, el Tenerife iba a despertar, no sin antes escapar de un par de llegadas con peligro con la firma de Manu Lanzarote, una pesadilla ayer para Raúl Cámara.

Pero en los últimos 15 minutos el equipo de Agné lo volvió a intentar y tuvo en las botas de Abdón, que había sustituido a Aridane, la ocasión más clara de su equipo, tras un gran pase de Aitor a Maxi, cruzando éste la pelota en exceso y apareciendo por detrás y cerca de la línea de gol para empujar la pelota que parecía que se colaba, evitándolo un defensa al límite. Ocasión al limbo en el minuto 77 y a partir de ahí ni siquiera la entrada de Cristo Martín aportó soluciones a un Tenerife que se vuelve a ver cerca de la zona roja.