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El Hotel Médano – Por Juan Julio Fernández

No me parecieron acertadas las palabras del alcalde de Granadilla, Jaime González Cejas -buen alcalde y buen amigo-, a raíz de la supuesta filtración de un fallo del Tribunal Supremo condenando al Hotel Médano a su demolición, en el sentido de buscar acuerdos para evitar su derribo, convirtiéndolo en un edificio de titularidad pública. Más razonables me han parecido otras posteriores, ratificando la intención del Ayuntamiento de pedir a la Dirección General de Costas la ampliación de la concesión administrativa para mantener la edificación: “Seguimos creyendo que el Hotel Médano es parte de nuestro patrimonio y de la Isla”. Como urbanista y asiduo de esta localidad costera desde 1962, me atrevo a decir que no sólo es patrimonio local e insular, sino que ha sido y es el motor del desarrollo y de la actividad social, económica y también cultural de un entorno que supera, en mucho, a otros con más planificación y más errores y que la demolición o cambio de uso traerá más perjuicios que beneficios a la comunidad que, mayoritariamente, manifiesta su rechazo al fallo del Supremo y su afección al hotel. La solución al inventado problema de su permanencia no es convertirlo en edificio público. ¿Para qué? Edificios públicos sobran, vacíos de contenido, ocupados ocasionalmente y con gastos de mantenimiento a cargo del contribuyente y, con harta frecuencia, deteriorados por el desuso, cuando no ruinosos. Este hotel, pionero en la actividad turística en el sur de la Isla, ha fidelizado a muchos clientes y ha dado trabajo, directa o indirectamente, a cientos de personas y si se aduce que sus valores arquitectónicos no justifican la declaración de Bien de Interés Cultural, no pueden desdeñarse: son dignos dentro de lo que se hacía en aquel momento y conserva el salón del que lo fuera de la primitiva empacadora de tomates, con arcos de medio punto poco o nada frecuentes en la arquitectura doméstica canaria que, por sí, justifican su mantenimiento. Cierto que la ley está para acatarla, pero la normativa urbanística responde en gran medida a aspectos coyunturales que, cuando cambian, aconsejan revisar los planes y modificarla, con las garantías necesarias para ponerla al servicio de la realidad y no pretender lo contrario. Pero con la ley de Patrimonio actual y sin necesidad de cambios caben acciones para evitar un derribo que, si se extiende a las edificaciones colindantes que configuran la actual calle de Marcial García, iría contra la realidad y produciría perjuicios irreparables. Me permito afirmar que las casas de los pescadores, las primeras del núcleo, reemplazadas o completadas por otras más recientes, son las que contienen, a costa de sus propietarios, los embates del mar y la hacen transitable. Demolerlas para hacer, como se ha insinuado, un paseo marítimo abierto, sería un mayúsculo disparate, un atentado a la historia y un ataque al paisaje urbano. La ley vigente en Canarias permite calificar el hotel, con la terraza, y las casas aledañas como un “sitio histórico” y no hacerlo sería una decisión arbitraria y poco realista, ajena a la identidad local. La Ley 4/1999 de 15 de marzo de Patrimonio Histórico de Canarias, define la categoría de “sitio histórico” como “lugar o paraje natural vinculado a acontecimientos o recuerdos del pasado de destacado valor histórico, etnológico, paleontológico o antropológico” y la de “sitio etnológico” como “lugar que contiene bienes, muebles o inmuebles representativos de los valores propios de la cultura tradicional o popular”. Y tenemos antecedentes, sin salir de Tenerife, como la declaración de los muelles, almacenes y varaderos de Valleseco, en Santa Cruz, o la Casa Amarilla, en Puerto de la Cruz. Y en la Comunidad de Madrid la incoación de los expedientes que permitieron salvar el Teatro Albéniz, sin especiales méritos arquitectónicos, y la terraza del Café Gijón en el Paseo de Recoletos, un café singular que de perder la terraza en un espacio público perdía su identidad secular y cultural -fue fundado en 1888-. Estos expedientes pueden incoarse a instancia de parte y somos muchos los que estamos dispuestos a constituirnos en Plataforma Cívica para defender unos bienes culturales, históricos, etnográficos y emocionales que entendemos que la Corporación municipal debe ser la primera en hacerlo, dejando las cosas como están y mejorándolas, a sabiendas de lo que suponen para El Médano y para la Isla.