SIN PELOS EN LAS TECLAS>

Inhumados en el mar – Por Cecilio Urgoiti

Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunieron de urgencia el jueves pasado con un plan concreto y, diría yo, que hasta secreto, pero se dejó ver que allí se reunían con el propósito de parar, o al menos contener, la llegada de inmigrantes del sur. También llevaban en la agenda mejorar el salvamento marítimo de aquellos que sufren un naufragio, cosa que quedó aparcada para una próxima reunión. La convocatoria se vio forzada por la tragedia que se provocó con el hundimiento del barco con destino a Italia y unos 900 inmigrantes a bordo. Esta carga es una carga no deseada por esta Europa neoliberal. Las concertinas de Ceuta y Melilla, el Frontex y la constante vigilancia aduanera dan cierta prueba de ello. Pero si en algo se nota es en la legislación que dejan preparada los ministros de Interior y su cada vez mas cercana hostilidad y trato a la hora de expulsar en caliente a los llegados sin averiguar, al menos, el motivo que les trajo y las causas que cada historia humana soporta y hasta sufre. En la reunión al final se adoptó una obligación, siempre de cara a la galería, que armoniza medidas de apoyo con otras que a ciencia cierta lo que tratan es de mantener a raya a los inmigrantes y las tragedias al borde de Europa. Bruselas dará más recursos económicos a países como Egipto, Sudán o Túnez para que controlen mejor sus fronteras, frenen allí y eviten que los inmigrantes accedan a los puertos del Mediterráneo. Hay algo que no se desarrolla explícitamente, pero sí está en los requisitos: evitar que lleguen a Libia. Las salidas de sus costas hoy son incontrolables para la UE. El Mediterráneo es ese mar que baña las costas sur de Europa y el norte de África y ha sido donde se ha cimentado y forjado la civilización occidental, de tal manera que todos somos fruto de esa historia y de esa mezcla de culturas que son el todo de lo que hoy somos. A orillas de ese mar tan representativo y tan lleno de recuerdos, ahora en la época actual, en esa atmósfera se esta viviendo un genocidio, consecuencia de una clara exigencia de los que durante años fueron saqueados y en sus caras extorsionados e, incluso, en gran medida arrastrados a vivir la esclavitud. Ahora vienen, no a reclamar lo de ellos, que a mi entender seria lo más justo, sino a ofrecerse como “esclavos” por un misero salario y muy poca comida. Pero fijémonos, esta vez son otras mafias las que les engañan y luego les abandonan a su suerte. Mientras los políticos, del más alto grado europeo, celebran su reunión primaveral, con tal grado de cinismo que cuando les veo en pie y en ese minuto de silencio previo a sus alegatos se me antoja pensar que sus macabras mentes solo deben oír las estrofas de la Desesperación achacada a Espronceda: “Me agrada un cementerio (esta vez marino) /De muertos bien relleno, / … /Que impida el respirar, /Y allí un sepulturero /De tétrica mirada /Con mano despiadada /Los cráneos machacar”. Si macabra es la obra de Espronceda, macabra es la actitud política de estos tiralevitas del capital, de estos paniaguados que por una poltrona firman sentencias de muerte, como los césares de antaño en Roma con un ligero movimiento del dedo pulgar enviaban a los leones a los esclavos que en el circo llevaban a tal fin. Hoy levantan sus brazos de madera impulsados por el temor que les produce la mirada de la actual “enviada de los dueños” de Europa. El correveidile de España estuvo allí, no sabemos mucho más, pero le recuerdo que el desastre de la RTVE es obra suya y tremendo desaguisado. Cuidado: a más manipulación, menos votos.