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Juan Luis Galiardo – Por Luis Ortega

A la entrada del recinto, y desde un afiche, nos saludó un quijote encarnado por Juan Luis Galiardo (1940-2012) que, según me comentó superados los sesenta, mejoró -“ideológica y artísticamente”- con los años, “como los buenos vinos” de su tierra andaluza. Fue un digno trabajo de Manuel Gutiérrez Aragón que eligió como contrapunto del visionario a un Sancho -Carlos Iglesias- fuera de molde. El cartel abre un sugestivo itinerario formado por coleccionistas alcalaínos y expuesto temporalmente -¡ojalá se garantice su permanencia!- en los Universos de Cervantes, un centro de interpretación abierto en 2005, con motivo del IV Centenario de la publicación de la primera parte de la más famosa novela en lengua castellana. Planteado como complemento de la casa natal del escritor y montado con atractiva didáctica, allí me topé con imágenes grabadas en la memoria remota como la versión de Sidney Lumet (1952) con el inolvidable Boris Karloff y Grace Kelly; la magistral Don Kikhot (1957), de Gregory Kozintsev con Alexander Nevsky -el memorable Ivan el Terrible de Serguei Eisenstein -como protagonista, calificada por la crítica europea como “la mejor producción de la URSS y la mejor lectura del Caballero Andante; el exitoso musical Man of la Mancha, estrenado en 1965, basado en el libro de Dale Wasserman, con letras de Joe Darion y música de Mitch Leigh, llevado al cine por Arthur Hiller con Peter O´Toole y Sophia Loren, una exultante Dulcinea, como cabezas de reparto…y, además, experimentos de culto como la inacabada historia de Orson Welles que trasladó las aventuras cervantinas a la Navarra de los Sanfermines, inventos de ocasión que juntaron a Mario Moreno Cantinflas y Fernando Fernán Gómez, joyas del cine mudo y obras de animación. En la iglesia de Santa María la Mayor, rescatada para usos culturales, también se exponen hasta el verano curiosidades bibliográficas, primeras ediciones, versiones en idiomas europeos y orientales, láminas y grabados, cromos y coleccionables, y pinturas y esculturas (destaca una obra del académico Ulpiano Checa cedida por el museo de su nombre) que comparten espacio con la pila de piedra caliza donde recibió las aguas bautismales en el otoño de 1547 el hijo del cirujano Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas que fue combatiente en Lepanto y cautivo en Argel, escritor para gloria de España, Príncipe de los Ingenios y pobre de solemnidad a la hora de su muerte.