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Santa Cruz hace justicia con el maestro Sabina

A. M. G. | Santa Cruz de Tenerife

Santiago Sabina. | DA
Santiago Sabina. | DA

En su permanente y loable misión de rescatar, cuidar y divulgar la historia de Santa Cruz de Tenerife, la Tertulia Amigos del 25 de Julio ha promovido ahora una iniciativa, junto con el Ayuntamiento y el Cabildo, para rescatar del olvido a una de las más ilustres figuras culturales que ha tenido la capital tinerfeña y toda Canarias: el músico Santiago Sabina Corona, del que está a punto de cumplirse el cincuenta aniversario de su muerte.

El inolvidable maestro Sabina será objeto de un homenaje el sábado 11 de abril. Los actos comenzarán al mediodía con el descubrimiento de una placa en la fachada de la casa donde nació, en la calle San Martín, esquina La Rosa. Luego, a partir de las ocho de la tarde, el homenaje se trasladará al Teatro Guimerá, en cuyo hall se descubrirá un busto de Santiago Sabina, realizado por la escultora Ana Lilia Marín Rodríguez. A continuación se dará lectura a una semblanza del homenajeado, a cargo de su biógrafa, Ana María Díaz Pérez. Como colofón, ofrecerá un concierto la Orquesta Sinfónica de Tenerife, que bajo la dirección de Ángel Camacho interpretará varias obras de Sabina. La entrada al concierto será libre y gratuita, hasta completar el aforo del teatro.

La Orquesta Sinfónica de Tenerife no podía faltar a este homenaje oficial y musical a quien fuera su primer director, en 1935, bajo de la denominación entonces de Orquesta de Cámara de Canarias.

El presidente de la Tertulia Amigos del 25 de Julio, José Manuel Ledesma, destaca que “para muchos ciudadanos este compositor tinerfeño es un desconocido a pesar de la importancia de su trayectoria”, y con reconocimientos públicos como la Medalla de Plata de Santa Cruz y la colocación de su nombre a una calle en la capital. Ledesma agradeció la colaboración que han encontrado en el Cabildo de Tenerife y en el Ayuntamiento de Santa Cruz para poder hacer ahora este acto de justicia con un santacrucero ilustre.

Un genio precoz
Santiago Sabina tuvo sus primeros contactos con la música de la mano de Ricardo Sendra, quien le recomendó entonces que finalizara sus estudios de piano y armonía en Madrid. A pesar de haber mostrado grandes dotes de pianista, pronto cambió su especialización por la de director y en 1910, con solo 17 años, su batuta debutó en el teatro de la Princesa, en Valencia.

Este fue el principio de una trayectoria que durante años le llevó al podio de distintas compañías de opereta y zarzuela de España hasta que entre 1914 y 1934 emprendió una serie de giras por la Península, Europa, América y Oriente Próximo, lo que le permitió compartir temporada con autores como Vincent d’Indy, Debussy o Ravel.

Pero mientras adquiría experiencia y perspectiva en la labor de dirección orquestal, Santiago Sabina no abandonó su faceta creativa, lo que dio lugar a un amplio catálogo de obras, dos ocupaciones que fueron compartidas, a partir de 1949, con las de profesor y subdirector del Conservatorio de Música y Declamación de Santa Cruz de Tenerife.

Como director y programador durante más de 30 años de la Orquesta de Cámara de Canarias, germen de la actual Sinfónica de Tenerife, se destaca su gran aperturismo -probablemente adquirido durante su estancia en París, donde fue invitado a dirigir ópera- a la hora de apostar por la difusión de una gran variedad de estilos y autores, no solo exclusivamente españoles. Así, el público tinerfeño de aquel entonces podía escuchar tanto piezas de Guridi, Turina o Chapí junto a las melodías de Bach, Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Debussy o Falla.

El consejero de Cultura y Patrimonio Histórico, Cristóbal de la Rosa, felicitó a la Tertulia Amigos del 25 de julio “por la iniciativa que ha tenido de homenajear la figura de Santiago Sabina, una persona que amó la cultura y la defendió con pasión en unos tiempos difíciles que, entre otras cosas, ha servido para poner el germen de la Sinfónica de Tenerife, principal referente cultural que actualmente tiene la Isla”.

El presidente de la Tertulia Amigos del 25 de Julio, José Manuel Ledesma, resalta que este homenaje a Santiago Sabina reconoce la figura de un hombre que puso la música en permanente diálogo con la sociedad tinerfeña de su época, y que tras triunfar fuera, decidió volver a su tierra para aproximar el sinfonismo europeo a Canarias.

El Teatro Guimerá acogerá el sábado 11 de abril un homenaje musical a Santiago Sabina. / S.M.
El Teatro Guimerá acogerá el sábado 11 de abril un homenaje musical a Santiago Sabina. / S.M.
Un tinerfeño internacional
Santiago Sabina Corona, excelente músico y compositor, además de un extraordinario ser humano, nació en Santa Cruz de Tenerife el 25 de abril de 1892 y falleció el 31 de agosto de 1966. A la edad de diez años ya dio un concierto en la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia, de Santa Cruz, y a los 17 dirigió por primera vez una orquesta, la del valenciano Teatro de la Princesa. Desde los 17 a los 20 años llevó la dirección de distintas compañías de opereta y zarzuela por toda España. En 1914 compuso en Turín la Danza Exótica, estrenada en Padua bajo la experta batuta de Arturo Toscanini, quien en 1923 también dirigió el estreno de su ópera Nelva en la Scala de Milán. Durante veinte años llevó su proyección musical fuera de las fronteras insulares, realizando varias giras por la Península, Europa, América, y Oriente Próximo. Fue subdirector del Conservatorio de Música y Declamación de Santa Cruz, además de profesor de las especialidades de Armonía y composición Contrapunto y Fuga, y Conjunto Vocal e Instrumental. Fundador de la Orquesta de Cámara de Canarias -origen de la actual OST-, en 1935, actuó por primera vez en el Teatro Guimerá el 16 de noviembre de dicho año. Para la inauguración del Santuario de la Virgen de Candelaria, en 1959, compuso y dirigió la obra Invocación a la Virgen de Candelaria, con letra de Rafael Hardisson e interpretación del tenor Antonio de la Rosa. Ante el féretro del insigne músico Manuel de Falla, a su paso por la isla de Tenerife en barco (1946), dirigió la Orquesta de Cámara de Canarias, interpretando El Amor Brujo y los Cantos Canarios. Está considerado como difusor de la producción insular, ya que estrenó diversas obras de autores canarios, y responsable de afianzar el sinfonismo en el Archipiélago, y de aproximar la estructura de los conciertos al estilo europeo. Durante su vida llevó a cabo numerosas audiciones benéficas porque, además de por su talento musical, destacó siempre por su gran humanidad.