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Soy homosexual, ¿y qué? – Por Tamara de la Rosa

Aunque hemos avanzado mucho, lo cierto es que hoy en día la homofobia sigue siendo un tema de actualidad. Todavía existe un gran número de personas que expresan un odio irracional, prejuicio, aversión, rechazo y discriminación hacia los homosexuales. A día de hoy, existen personas que piensan que la homosexualidad es una enfermedad que se puede “curar”. Hace poco tuve un caso, que me animó a escribir este artículo. Un padre acudió a consulta con su hijo adolescente (cabizbajo en todo momento). Al preguntarle el motivo de visita, el padre me contesta: “Mi hijo está con la tontería de que es maricón y venimos a ver si lo puede curar”. Lógicamente no volvieron al decirle que era con él con quien podía trabajar empatía, tolerancia, aceptación y prejuicios entre otras cosas, ya que su hijo no tenía nada de qué “curarse”. Sigue existiendo ese miedo irracional, injustificado, ilógico e incontrolable ante la homosexualidad, que hace irracional ese modo de sentir o comportarse. Aún no hemos logrado pasar del reconocimiento de la igualdad, que se construye a partir de las diferencias. Indignante y vergonzoso ver que todavía hay personas que sufren discriminación, agresiones, incluso, asesinatos por ser gays, lesbianas, bisexuales o transexuales. Aún, parte de la sociedad presupone automáticamente que todo el mundo es heterosexual y no valora otra posibilidad, siendo este el motivo de que muchos adolescentes sufran con ansiedad y, en muchos casos con depresión, el “salir del armario”. Adolescentes que viven con normalidad el sentir atracción por personas de su mismo sexo, pero que, ante esto, ven burlas, chistes, desprecio y rechazo por lo que aparecen sentimientos encontrados y la consciencia de ser diferente. En un adolescente, con sus cambios emocionales y físicos, puede resultar desastroso si la familia y el entorno social lo rechazan. Con la homofobia, al fin y al cabo, te haces daño a ti mismo. Te enojas, te frustras, sientes ansiedad y todo, por algo que no controlas.

1- Pon en práctica la tolerancia. No quiere decir que lo compartas, tan solo que lo respetes. No juzgues, no etiquetes, ni ofendas. Si no entiendes la homosexualidad, no lo seas pero respeta el derecho de los demás a ser uno mismo. Apuesta por las relaciones interpersonales basadas en el respeto, la igualdad y el reconocimiento mutuo y, sobre todo, incúlcalas a los más pequeños. Educa en tolerancia. La homofobia no es algo de lo que reírse. Algunas veces trae consigo trágicas consecuencias. Las etiquetas sociales que a veces nos ponemos son necesarias porque, como seres humanos que nos equivocamos (me incluyo), es necesario identificarnos para comprender mejor las cosas, sin embargo, nunca debemos olvidar, que las etiquetas son para la ropa y no para las personas

2- Practicar la empatía: Ponernos en el lugar del otro y ser conscientes del sufrimiento, la violencia y la discriminación que todos los días viven las victimas de homofobia.

3- Aceptar es la mejor opción. No permitas que se rompa un buen vínculo familiar o de amistad por una simple tendencia sexual. Cuando queremos o apreciamos a alguien, lo más importante es desear que sea feliz. Da igual si es con un hombre o con una mujer.

4- Acaba con los mitos: la homosexualidad no es una enfermedad ni estamos hechos para procrear. Por esa regla de tres, todos los que no quieran tener hijos tendrían que ser lapidados. Recuerda que la homosexualidad no es un problema psicológico, la homofobia sí.